Juana Molina: “la verdad es que me da como miedo la gente” (El Telégrafo, 15/09/2013)

por Fernando Escobar Páez

Voy a cantar las canciones sin letra

y cada uno podrá imaginar

si hablo de amor o de desilusión para alegrar,

si hablo de voz o de color[1].

 

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Si bien fue uno de los rostros más reconocibles de la televisión argentina a inicios de los noventa, a la exitosa e irreverente comediante Juana Molina  le sigue costando sangre subir al escenario y enfrentar al público cuando desarrolla su faceta musical. Inexplicable timidez en alguien que desde pequeña estuvo involucrada en el mundo del espectáculo, cuyos discos son obras de culto en Japón e Inglaterra, y que en la actualidad es admirada por músicos de la talla de David Byrne, Brian Eno, Will Oldham y Feist.

Juana Molina es una artista inclasificable, produce canciones larguísimas y minimalistasa base de loops, samplers y tarareos de su voz. Lomonocorde se transmuta en un bucle que lleva al trance, en gran parte debido a la forma en que la artista administra el aire entre cada fraseo, creando capas atmosféricas que se sostienen sin cambiar de altura, efecto pedal donde la nota base perdura a lo largo de toda la canción y las notas subsidiarias se desarrollan a su alrededor. Este rasgo –característico de tradiciones como la hindú o la celta- le confiere una textura poco común en el pop rock latino contemporáneo, género al que Juana mira con cierto desdén, aunque no faltan los “sesudos” críticos que se empecinan en encasillarla dentro de dicha categoría, pese a que Molina deconstruye el formato clásico de canción y no encaja en ninguna cartografía musical conocida.

 

Según los ingleses soy la reina de la folk-trónica, o sea, que quepo en todas partes… yo siempre les digo que crecí escuchando música en inglés sin entender una palabra, y que ahora les toca a ellos[2].

 

Compone sus canciones mediante una especie de muñeca matryoshka, la cual va armando cuando se halla a punto de desfallecer por el cansancio- según Juana, estar a punto de dormirse le proporciona lucidez-, regraba sobre el material base de guitarra acústica y recién al final le agrega un texto breve. Sus líricas también son repetitivas y –en apariencia- sencillas, toma elementos de la naturaleza y de la cotidianeidad para crear letras menudas que por su peculiar poética podrían pasar por haikús si tuvieran la métrica adecuada, pese a que –según afirma Juana- no escribe para que alguien le entienda, sino para poder cantar mejor, las letras son un recurso de la melodía para facilitar el canto y no pasar tarareando todo el tiempo. No cuenta historias, simplemente parte de una palabra base, que bien puede ser “hongos”, “mamá” o “bicho feo”. Simultáneamente, inserta referencias literarias como versos del poema épico “Martín Fierro” de José Hernández o lecturas campestres de la poeta uruguaya Marosa di Giorgio.

Juana Molina Villafañe nace en Buenos Aires el 1 de octubre de 1962, en el seno de una excéntrica familia de artistas.Hija de Horacio Molina, famoso cantante de tango y de Elva “Chunchuna” Villafañe, modelo, actriz y arquitecta. Su hermana menor, Inés, destaca como intérprete teatral y ha colaborado en varios de sus proyectos.Debido a su condición aristocrática, los Molina de Caballito[3] consideraban “rastacuero” vanagloriarse de sus logros y ni la pequeña Juana estuvo exenta de alguna cariñosa pero firme reprimenda cuando jugaba a ser artista. Esto no debe ser visto como falta de apoyo a sus ambiciones –por el contrario, siempre la incentivaron a desarrollar su talento innato-, sino como una postura elegante y terrenal para controlar el ego. A los cinco años grabó su primera canción con su padre y hermana, un regalo para el día de la madre, que vendió cuarenta y cinco mil copias. Más adelante, Juana dedicaba casi todo su tiempo libre a grabar en un porta estudio casero –su juguete favorito- los ritmos simples y redundantes que rasgaba a su guitarra acústica. Otra de sus pasiones infantiles era revisar la extraña colección de vinilos de su madre, una actriz melómana que convertía toda ocasión en pretexto para un baile improvisado. Con el golpe militar de 1976, la “Chunchuna” –quien era una convencida peronista y por entonces ya se había separado de Horacio- empieza a recibir amenazas de parte del régimen dictatorial y se lleva a las niñas Molina a París, donde se exiliarían hasta el fin de la dictadura.

 

A nivel musical pop, Francia era mucho peor que Argentina en ese entonces. La música que pasaban por la radio me parecía feísima, no me interesaba en lo más mínimo. Debe ser por eso que empecé a escuchar tanta música clásica y jazz[4].

 

Debido a su juventud, no comprendía la tristeza de su madre por el país sangriento que dejaron atrás, lo cual facilitó que Juana se adaptara perfectamente y no sintiera el choque cultural. Para ella, Francia era la oportunidad de escuchar ritmos nuevos. Durante su estancia parisina, acumuló centenares de grabaciones de nanas infantiles de Asia Menor, Malawi, algo del incipiente jazz fusión y casi nada de rock. Siempre tuvo claro que quería dedicar su vida a la música, certeza que fue confirmada durante un viaje de veraneo a Ibiza, donde escuchó el pedal de la música hindú por primera vez. Sin embargo, no tenía ningún proyecto sólido más allá de las rutinarias clases en el conservatorio parisino.

Con el fin de la dictadura argentina, retorna la familia a Buenos Aires, donde Juana realiza trabajos varios para financiar sus estudios de arquitectura. Tuvo un fugaz paso como corista de una banda llamada “Biorsi”, perola experiencia estuvo lejos de ser satisfactoria. Y sin proponérselo, vino la fama, cuando junto a su hermana se incorporan al equipo de comediantes de “La Noticia Rebelde”. Sus sketches basados en típicas mujeres bonaerenses fueron un éxito rotundo. Su capacidad de observación de las costumbres y taras argentinas le permitía parodiar con inusitada inteligencia tanto a la concheta[5] como a la cachivachera. Escribir los guiones le sirvió para pulir sus habilidades como escritora y para ganar varios premios importantes dentro de la televisión argentina, pero Juana no se sentía satisfecha. La actuación no era más que otro medio para financiar su futura carrera musical, de la cual se había alejado debido a sus obligaciones con los medios. Luego de “La Noticia rebelde”, vino otro show, “Juana y sus hermanas”, donde tenía el rol protagónico y se pudo dar el gusto de improvisar mini conciertos con sus invitados musicales. Antes de que la gente se diera cuenta, el show tenía más música que comedia.

 

-      “A ver, tocá una que sepamos todos”.

-      Conmigo fuiste, ¡no sé tocar ninguna de nadie!

 

Tras conocer a quien sería su pareja hasta hace poco, el artista visual Federico Mayol, quien con el tiempo también se convertiría en su manager, y quedar embarazada de este, Juana decide renunciar al mundo de la televisión y por fin dedicarse a su verdadera pasión. En 1996, junto al mítico productor Gustavo Santaolalla graba su primer CD, “Rara”. El resultado no fue el esperado: Juana no se sintió representada por el ritmo folk pop que le imprimió Santaolalla a la placa.

La reacción de críticos y público en Argentina fue despiadada. Nadie entendía como una comediante en la cúspide de su carrera se encaprichaba por cantar esas canciones extravagantes. En vivo no podía tocar una canción entera sin necesidad de explicarla. El público exigía que interprete alguno de sus personajes televisivos, pero como Juana no claudicaba, abandonaban la sala, salvo un grupo minoritario que se volvió adicto a su música. Estaba decidida a dejar la actuación y el salario ridículamente bajo que le ofrecían por volver a la pantalla tampoco constituía una tentación. Sin embargo, el disco tuvo cierta acogida en varias estaciones de radio de Estados Unidos, y Juana con su nueva familia fueron a Los Ángeles con la intención de radicarse allí. Pero una nueva decepción la aguardaba en el país del norte: el “empresario” que iba a publicar su disco, quiso apoderarse de las grabaciones mediante chantajes. Ante la negativa de Juana, denunció a la familia ante el servicio de migración y ante la amenaza de ser deportados, optaron por regresar al arisco Buenos Aires.

 

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Ya nadie apostaba por la ex reina del humor argentino, quien de ser una aplanadora que se regodeaba en su desparpajo, se había transmutado en un ser frágil y roto. Pero Juana demostró una insospechada tenacidad y en el 2000 se pasa a la discográfica estadounidense Domino Records y lanza “Segundo”, un disco que incorpora elementos electrónicos y sonidos distorsionados. Grabado bajo la tutela del legendario Daniel Melero[6], en la libertad de su estudio casero de Pacheco[7], rodeada de sus perros y sin banda de apoyo, este disco nuevamente resulta invendible en Argentina, pero se convierte en un éxito de ventas en Japón.

 

… ya no aguantaba que la compararan con Björk pero más light, con música funcional pero con voz, con Joan Baez pero dormida y hasta que viniera una mina y le dijera: “Tu música me encanta para hacer yoga”[8].

 

“Segundo” no solo fue la puerta a su consagración a nivel mundial, sino que se convirtió en el disco semilla del cual saldría el resto de su producción hasta la fecha, una tetralogía que en nada se parece a “Rara”, disco que la propia Juana ha condenado al ostracismo. También marca el inicio de su sociedad artística con el bizarro fotógrafo Alejandro Ros, quien es el encargado de las artes gráficas de todos sus discos posteriores.

Uno de los mayores miedos de Juana era su supuesta incapacidad de hacer dos cosas al mismo tiempo, cantar y tocar la guitarra o los teclados le resultaba estresante, en ocasiones llegaba a olvidarse las letras de las canciones a mitad del show. Afirmaba tener problemas para coordinar la parte baja de su cuerpo sobre el escenario, pero a raíz de que empezó a utilizar el dispositivo de pedales Boss RC-20 Loop Station, elemento clave en el desarrollo de su siguiente disco, “Tres cosas”, del 2004. De corte intimista, con varias referencias a lo cotidiano e historias familiares, en este trabajo los bucles y efectos poco ortodoxos son frecuentes. La filosofía de Molina radica en crear espacios sonoros que jueguen con la sensibilidad del oyente.

Sale de gira por Estados Unidos como telonera de David Byrne –uno de sus ídolos musicales- y la crítica internacional cae rendida a sus pies… Sin embargo, en Argentina su música sigue siendo una rareza, aunque debido a su repercusión a escala global, los mass media ya no pueden ignorarla.

 

El prejuicio es muy grande. Yo creo que Argentina se caracteriza mucho por no tener un gusto auténtico y genuino por las cosas y necesitan realmente que alguien les diga qué está bien y qué está mal. ¿Sabes por qué fui nominada como mejor artista pop en los premios Carlos Gardel? Porque el New York Times me nombró como mejor Álbum Pop del año[9].

 

Su cuarta producción, “Son”, ve la luz en 2006. Se trata de un disco maduro donde retoma elementos del folk pop, y que intenta seguir un hilo narrativo similar del de un viaje y sus diversos paisajes. Pero es “Un Día”, de 2008, su disco más osado. El video homónimo es dirigido por Juana. El mismo año participa el soundtrack de la película mexicana “Rudo y cursi”.

Suele prescindir de la colaboración de otros músicos ya que, tras años de ensayo y error, ha conseguido diseñar un espacio arquitectónico funcional donde puede controlar todos los instrumentos sin ayuda. Tiene cierta vocación de luthier  que aunada a su sentido del espacio, le permite seguir usando instrumentos defectuosos. No en vano concede particular importancia al trabajo manual y a la refacción artesanal como detonadores de todo proceso creativo y a los oficios como base de la sociedad.

Pese al éxito, su relación con la prensa argentina sigue siendo tensa. Cuando las críticas no van contra lo hermética que resulta su propuesta musical para el gran público, apuntan contra sus largos periodos de silencio creativo y pronostican con cierta alegría el retiro definitivo de “La rara” Juana. Para sorpresa de muchos, a inicios de este año participó en una campaña publicitaria de una compañía telefónica, con varios de los personajes del exitoso show de “Juana y sus hermanas”, pero lejos de ser una concesión o regreso al mundo de la actuación, se trató de una elegante bofetada de Juana hacia sus críticos y dejar en claro que hace años está más allá de toda palabrería, superando sus limitaciones, pero manteniendo el mismo perfil bajo que hace sospechar que la virtuosa Juana Molina todavía mantiene su proverbial miedo a la gente.

 

http://www.telegrafo.com.ec/cultura/carton-piedra/item/juana-molina-la-verdad-es-que-me-da-como-miedo-la-gente.html


[1] Fragmento de la canción “Un día”.

[2]Juana Molina: la revancha del español en UK, entrevista para el portal web Sapo de otro pozo, sin fecha.

[3]Tradicional barrio bonaerense.

[4]Entrevista para VuenosAirez.com,  febrero 15l de 2013.

[5]Término despectivo del argot argentino para designar a la clase alta.

[6]Precursor de la música electrónica en el cono sur. Junto a Gustavo Cerati grabó “Colores Santos”, un disco fundacional dentro del género.

[7]Poblado rural a las afueras de Buenos Aires, donde la familia de Juana tiene una finca.

[8]Juana Molina: Una magia modesta, por María Moreno, Página 12, 30 de noviembre del 2008.

[9]Juana Molina: la revancha del español en UK, ibídem.

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