Sobre EL GRITO DEL HADA, de Adolfo Macías Huerta

Difiero de la reseña simplona que apareció en un diario de la ciudad, donde se etiqueta a El Grito del Hada como una “novela sobre la vida bohemia y las mujeres en la literatura”. La novela de Macías es mucho más compleja que eso: nos habla sobre como la vanidad nos lleva a utilizar a los que amamos para montar un Armagedón con el que tratamos de auto convencernos de ser mejores de lo que en realidad somos.

El Grito del Hada nos revela la teratología del amor, ese terrible momento cuando la Musa se transmuta en Melusina: un ser mitológico que salva y condena al mismo tiempo, un monstruo del que deberíamos huir, pero al que esperamos cada noche para que venga a retozar en nuestras ruinas. Las oscuras alas de la Melusina nos ofrecen la anhelada destrucción que nos salve del trabajo mediocre, de los amigos a los que no queremos ver, del pusher que jamás contesta el teléfono, de la inutilidad de tener hijos que -al igual que nosotros- van a morir.

Los cuatro personajes principales (Odelina, Leopoldo, Amílcar y Carla) intentan justificar sus resentimientos y sepultar a la vergüenza con la vanidad y complejos propios de un “intelectual de cafetín”. Nadie sabe para quién trabaja, afirma el dicho popular, facilitándonos una fórmula para definir con sencillez el concepto de ironía como un desvío de nuestros planes hacia resultados absurdos o impremeditados y el ego artístico de estos personajes, se termina convirtiendo en su lápida: lo que comenzó como un juego se convierte en infierno frondoso cuando la máscara se vuelve una musculatura secreta, el rostro final del que ya no se puede escapar: La relación entre la máscara y la persona funciona como el crecimiento del árbol, en el cual los anillos dejan de ser superficie visible para componer el núcleo de su futura expresión. Lo que era corteza es ahora la savia de la que se nutre su vida interior. El haber vivido como un tigre en la retina de los otros tiene un alto precio que ni la mitomanía involuntaria, la base de coca el sexo o ni siquiera el arte ayudan a  pagar.

Hölderlin nos enseñó que “somos dioses cuando soñamos y mendigos cuando despertamos” y lo onírico también alcanza la categoría de personaje dentro de esta novela. La pesadilla custodia los volcanes donde nos espera un demente que escucha a un músico fantasma, por allá arriba, entre las rocas…no siempre estuvo loco, pero cuando se enfrentó a un placer desintegrador, simplemente NO REGRESO. Y eso es lo que les sucede a los personajes de esta novela: cayeron ante ese último estallido del paraíso, un imán demasiado poderoso para su sangre, ante El Grito del Hada.

2 Respuestas a “Sobre EL GRITO DEL HADA, de Adolfo Macías Huerta

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