Sobre Barrido de Campo de Juan José Rodríguez Santamaría. (intento de cadáver exquisito con los textos de Juan José)

 

de izq a der: César Eduardo Carrión, Fernando Escobar Páez, Juan José Rodríguez, Luis Carlos Mussó y José Córdova…¡COMBO GANADOR!

La lectura de Barrido de campo de Juan José Rodríguez es penetrar en una estrella desgajada en la voz de un animal que se mueve a la velocidad de nuestra fe más oscura, animal que sufre en los ángulos, pese a que sus huesos tienen una extraña solidez para el llanto y a que sabe que el cielo no es solo esa deformidad de aquello que perdimos…aunque a veces lo parezca.

Barrida de campo como un letrero para seguir la realidad con otro método: el del sistema nervioso ungido hacia el aire violento, donde lo que llamamos rostro es una carretera perdida hacia el hueso más negro de Dios y la identidad, un gesto para nadie, encéfalo como bola de goma rebotando en un mar pretérito que aglutina los residuos de la alegría, ese poco del Neuril y sus secuaces: la pequeña –pero perversa- luz ultravioleta y ese infame código de barras que convierten nuestra vida en un tumor.

Este callejón de sordomudos al que llamamos mundo ha convertido a la bandera en la cremación de nuestros sueños más violentos, ya enlatados. En un atroz verso, George Elliot señala “la mejor forma de engañar a un poeta, es decirle la verdad” y esta sentencia se vuelve más real que nuestro propio nombre, identidad reducida a un mero leucocito de letras que intenta en vano ser más tangible que esa alfombra de doce dólares y marca taiwanesa por la que intercambiamos nuestros ojos, pues ¿para que deseamos tener ojos, si en este mundo ya nadie se atreve a deslizar el rostro contra la luz de la infancia?

Hay huellas de estrella bajo las cicatrices de la conciencia de ser un cuerpo fracasado, donde la vergüenza ya carece de rostro. La palabra “hueco” es el efecto de este otoño inevitable y enfermizo, pero  la canción es real como un hombre flotante que golpea sobre la gruesa velocidad de nadie en este cerebro de islas y cobijas manchadas.  Vidas condenadas a alabar lo que jamás elegirían con amor en los ojos: una manzana vieja donde se erosionan las fructificaciones de un cuerpo que es ahora un objeto para definir la muerte en sus extremos de aplauso que termina en la blancura metódica de una lobotomía, el adiós definitivo del Yo.

(este es el texto que leí en la presentación del libro de Juan José…es una especie de poema cadáver exquisito que construí tomando fragmentos de poemas del libro de J.J. , asi que si les gusta, el mérito total es de Juan Jo, y sino, es culpa mía por haberlo ensamblado de esta manera)

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