Sucia salvación

Mestrual dreamer by Takashi Murakami

Carta abierta a la comunidad científica:

Recientes estudios realizados por la Universidad de Keio en Japón, confirmaron la validez del postulado de nuestro distinguido colega Leopoldo María Panero: El destino de las ratas es semejante al destino de los hombres. Esta afirmación, erróneamente tachada como “mera imagen poética”, adquiere la categoría de verdad científica gracias a los experimentos nipones. Es nuestro deber para con el buen nombre de nuestro colega, y -por sobre él mismo- con la humanidad entera,  reinvindicar las palabras de Panero.

Me explico: los investigadores de Keio cultivaron un tipo de célula que se encuentra solo en la sangre menstrual de la hembra humana y la combinaron con células cardiacas de rata de alcantarilla. A los veinte días, un elevado porcentaje de las células menstruales comenzó a latir acompasadamente formando músculo cardiaco. Cabe señalar que las células tomadas de la impureza femenina solo pueden mutar en músculo cardiaco y en nada más.

En conclusión, el corazón mamífero puede ser reparado con el fluido más puerco que produce la hembra de nuestra especie, esa asquerosidad desperdiciada en inodoros y toallas sanitarias, puede salvar millardos de vidas.

Exijo que las mujeres más sanguíñolentas sean entregadas para el uso y abuso de la comunidad científica. ¡La Historia nos espera!, pues si nuestro amado Calígula consiguió prostituir a esposas e hijas de senadores y nobles romanos para salvar al Imperio, la sociedad contemporánea tiene la obligación cívica de entregarnos a sus especímenes más menstruadores para que insertemos complejas bombas de succión en sus endometrios durante unas pocas décadas. Sé que ningún hombre moralmente sano extrañará los favores de una manada de disfuncionales en el aspecto hormonal.

También sugiero introducir roedores vivos –previamente modificados para que padezcan afecciones cardiacas- en la cavidad vaginal de las individuas en cuestión, con el fin de confirmar o descartar la viabilidad de una ingesta directa del menstruo como terapia. Sé que este método será duramente criticado por los padres de la Iglesia y que la prensa corrupta nos acusará de promover la zoofilia, pero si las hembras de nuestra especie han utilizado falos de negros y demás simios afeitados para conseguir placer carnal a lo largo de milenios, no deberían tener inconvenientes estéticos en que se les introduzca el cuerpo integro de una rata ligeramente más obesa e higiénica que un pene africano en honor al progreso de la medicina moderna.

Termino esta breve ponencia exhortándoles a difundir la buena nueva y exigir a nuestros gobernantes la entrega inmediata de féminas y recursos  que nos permitan viabilizar el sueño del doctor Panero: un mundo donde las ratas compartan su sucia salvación con los hombres.

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