Ponencia feria del libro, Quito, 2011

Arruinarse uno mismo por la poesía es un honor.

OSCAR WILDE

 

La producción artística asume el reto de reflejar por fuera de las estructuras de poder la relación intima del sujeto con su mundo circundante y con él mismo (sea un mundo sagrado, humanístico o como lo presenta el arte contemporáneo contextualizado).  Pero, esto ha sucedió realmente?, se ha logrado condensar una producción por fuera de los parámetros de lo establecido? O quizás restablecer dichos parámetros?

La institucionalización y formalización de procedimientos, la positividad convertida en categoría valorativa no se ha quedado tan solo en el método de aprehensión de las cosas, es decir del mundo científico, sino que ha invadido cada espacio de la experiencia humana a través de sus criterios aprobatorios o desaprobatorios, la ideologización del comportamiento y pensamiento: moral y ética, narración y enseñanza, sublimidad y estética.

Es así que bajo el flujo de la identidad entendida como igualdad o unidad de lo moralmente correcto, de lo pensado y escrito se quiere formalizar y homogenizar la negatividad para de esta manera hacer positiva la contradicción que nos atrapa en la existencia, dentro y fuera del mundo objetivo: tal como lo vemos, como lo vivimos, en nuestra subjetividad.

La literatura como proceso creativo no ha quedado excluida de esta absorción positivista. A través del discurso “oficial” de los estetas, de la supuesta vanguardia de la cultura con sus gestores burocratizados se ha institucionalizado, una sola visión cerrada frente a lo que debe y puede ser arte. Discurso generador de patrones de lectura, audiencia subsumida bajo las programáticas intenciones de consumo, masificación del criterio de lo “bueno” o “bonito”.

Pero a pesar de esta intentona de hacer adjetivo al positivismo, en la producción literaria ha sobrevivido el carácter poético del proceso creativo. Este carácter trasciende la positividad impuesta por un mundo de orden y previsibilidad para abrir la puerta a un carácter anti discursivo sostenido por una lectura pluritópica y multiespacial de la cotidianidad, del humano, de su devenir.

De esta forma la poesía juega en la frontera de lo políticamente correcto, de lo establecido y lo presiona llevándola hasta su extremo. Amenaza terrorista de la conciencia creativa que da cuenta de la forma artística y su experiencia estética recuperando la sensibilización –para nada romántica- que está en la base de estas formas y que, evidentemente, son producto de la experiencia, de lo vivido, del fracaso y la angustia.

Es precisamente en este punto donde se localiza la respuesta a las primeras preguntas planteadas en el presente ensayo. Recuperar el sentido poético de la producción artística significa desafiar el orden establecido, jerarquías imaginarias, representaciones que subsumen el potencial creativo e interpretativo en registros prescriptivos de orden acrítico y funcional a los designios de ciertas hegemonías discursivas.

Reconocer el sentido del mundo actual para expresarlo en imágenes de tinta significa entender que su construcción es desde múltiples relatos; no se trata de la bipolaridad antecesora a la posmodernidad sino del estallido de diversas formas y sentidos ignorados o simplemente reprimidos-disciplinados, pero visibilizados a la luz de la fragilidad humana y su profundo sin sentido.

Bordear los límites de un mundo con significantes concentrados en tal o cual ontologizacion/substancializacion del ser supone abordar  lo humano en los más crudo de sí,  contaminación vital que habita en nuestro registro imaginario y simbólico.

Penetrar la barrera del Yo Ideal del comportamiento amigable para destruirlo y sumergirse en la negatividad, apelar a la zoomorficación, porno desviado de dirección y por ello más sugerente, donde la anécdota se afirma contra el placer y deviene en ritual (Juan José Santamaría dixit) e identidad, constituye la base de mi poética actual, parodia del que quise ser y no pude, donde la venganza me vuelve hermoso, letrina para mis caballos más hermosos, agua muerta que purifica a esta pequeña pústula a la que llamamos vida.

 

 

(Texto escrito en colaboración con mi primo Greg Páez, en medio de un debate cervecero sobre nuestra visión de lo que es la literatura)

 

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