De prohibiciones y otras perversiones (BG MAGAZINE Addictions 062)

¿Qué tenemos en común Frederich Nietzsche, los renos y Yo? El uso de drogas. El filósofo alemán utilizó varias veces láudano de hachís, sustancia que le permitía acercarse “a la prodigiosa velocidad de los procesos mentales” y posteriormente desarrolló dependencia al cloral, uno de los primeros somníferos desarrollados por la industria farmacéutica. En cuanto a los cérvidos del polo norte, son frecuentes consumidores de amanita muscaria, el potente hongo alucinógeno usado por muchas culturas chamánicas del círculo polar ártico, que –dicho sea de paso- suelen beber la orina de los renos drogados para propiciar el trance místico. Los cérvidos también suelen embriagarse con frutas fermentadas y es frecuente encontrarlos ebrios perdidos con la cornamenta atrapada en medio de los árboles o alguna otra trampa de la naturaleza. Tal vez el cuento infantil de Santa Claus, personaje con claros tintes chamánicos pese a la visión edulcorada que Coca-Cola popularizó,  y sus renos voladores –de los cuales uno tiene la nariz inflamada y roja, como la de un alcohólico contumaz-es de origen psicotrópico.

Contrariamente a lo que afirman los prohibicionistas, las drogas no son un invento de seres humanos degenerados, aunque algunas de las drogas ilegales y casi todas las legales obedecen a necesidades creadas por la industria farmacéutica e incluso –como en el caso del LSD- por la industria militar.

Las drogas naturales se hallan presentes en el planeta desde mucho antes que la humanidad. Surgen como mecanismo de las plantas para defenderse de sus predadores. Toda planta tiene cierto nivel de toxicidad y de cualquier fruto o vegetal fermentado se puede producir alcohol. La paleobotánica ha confirmado que antes del Neolítico el maíz arcaico, la vid silvestre y muchos otros alimentos cotidianos hoy en día, eran demasiado tóxicos para el consumo animal. Las drogas están ligadas a la evolución de la vida en nuestro planeta, de allí que pretender erradicarlas es absurdo e irracional. Incluso pueden haber desarrollado un papel clave en la filogénesis humana, tal como propone la teoría del filósofo y etnobotánico Terence Mckenna en su teoría conocida como “El mono dopado”. En ella Mckenna propone a la psilocibina, la sustancia activa en los hongos alucinógenos, como la principal responsable de este salto evolutivo. Según esa versión, uno de los grupos de homínidos consumió, buscando alimento, hongos alucinógenos. La consecuencia fue la aceleración en el desarrollo de la corteza cerebral, lo cual eventualmente derivó en el nacimiento del lenguaje, consagrándose así un salto neuroevolutivo.

El cómo los primeros homínidos descubrieron las drogas, es un misterio, pero es razonable creer que a fue a través del método de ensayo y error, lo cual seguramente provocó intoxicación y muerte masivas en nuestros peludos ancestros. En contraste, el origen de la prohibición sí es claro: nace con el cristianismo primitivo, cuando San Pablo en su Epístola 21 a los Gálatas, condena a las borracheras y fiestas estrepitosas inducidas por “la conducta relajada”. Posteriormente surgen bizarras sectas abstemias como los cátaros, acuarianos, tacianos, encráticos y muchos más, para quienes la embriaguez es pecado mortal.

En occidente la Santa Inquisición asocia las drogas con la brujería y las orgías. Se habla de pociones malignas que permiten a las mujeres tener contacto carnal con El Diablo y esta herejía es castigada con tortura y muerte, En oriente, el zar Miguel Fedorovich ordena mutilar la nariz de los fumadores, el sultán Munrad IV los decapita y el último emperador de la dinastía Ming decreta pena de muerte para el tráfico y consumo de tabaco. Obviamente tanta crueldad no consiguió acabar con las drogas, y mientras se castigaba al pueblo, los poderosos siguieron disfrutando de los paraísos artificiales a los que siglos más tarde cantaría Charles Baudelaire.

Con el surgimiento de los estados-nación, el desarrollo de la farmacéutica y sobre todo, con la apertura de nuevos mercados, acaba momentáneamente la prohibición. Los padres fundadores de los Estados Unidos consideran al cáñamo de marihuana como el futuro de su nación,  George Washington, hizo varias alusiones concretas y positivas en relación a esta planta. Como ejemplo tenemos la carta escrita al Dr. James Anderson, el 26 de mayo de 1794, donde confiesa que la “preparación artificial de cannabis originaria de Silesia es verdaderamente una maravilla”; John Adams, segundo presidente de Estados Unidos,  “Desearemos un mundo de cannabis para nuestro propio consumo”; y Thomas Jefferson escribió que  “el más grande servicio que se le puede hacer a un país es agregar una planta útil a su cultura…el cáñamo es primordial para el bienestar y la protección de nuestro país”.

Irónicamente, la nueva ola de prohibicionismo, la actual, surge en los Estados Unidos, de la mano de grupos ultraconservadores cristianos abiertamente xenófobos a inicios del siglo pasado. El opio fue prohibido debido a la masiva inmigración china, el alcohol por miedo a irlandeses y judíos, dando origen a la Ley Seca y en consecuencia, a la mafia, los negros y sus reinvindicaciones políticas fueron asociados con la cocaína y los mexicanos llegados poco antes de la Gran Depresión, con la marihuana. Así es como surge la guerra contra las drogas de nuestros días, sostenida por el cabildeo de las industrias petroquímica, tabacalera, farmacéutica, entre otras, dueñas de poderosos lobbys en Washington y financistas de las campañas electorales estadounidenses.

El sociólogo Robert K. Merton escribió sobre “la profecía autocumplida”, concepto válido para definir la lucha contra las drogas. Ya lo advirtió una editorial de la revista Medical Record de New York en 1921: “querer curar un vicio llamándole enfermedad y delito, es un modo infalible de convertirlo en enfermedad y delito”, Basta contrastar la política sobre drogas de México y Holanda, el primer país aterrorizado e impotente ante los sanguinarios carteles de la droga, mientras Holanda tiene que clausurar sus prisiones debido a la falta de delincuentes.

Claro que las drogas se han convertido en un problema de salud pública, y pueden matar, lo mismo que la vitamina C si es consumida en exceso, pero nadie habla de prohibir las naranjas. No se trata de consumir drogas por el mero hecho de consumirlas, como muchos estudiantes de cierta universidad capitalina que organizan excursiones para tomar ayahuasca de la mano de profesores que se hacen pasar por chamanes. De experiencias por el estilo no se puede sacar ningún tipo de reflexión útil sobre las drogas, peor aún la ansiada revelación espiritual ritual que viene de la mano con el uso adecuado de la ayahuasca…solo se consigue una leve intoxicación, acompañada de vómito, resaca y ganarse la etiqueta de neo-hippie, sin importar el irrespeto hacia una planta sagrada para los verdaderos chamanes, aquellos que nunca ofrecerían su elixir a un turista recién llegado.

Otro error frecuente es asociar el uso de drogas a “los hippies” o cualquier otra de las denominadas “culturas urbanas”. Drogas también las toman el ama de casa poco motivada que se vuelve adicta a las anfetaminas y el banquero en ascenso que inhala cocaína como símbolo de status y poder. Recientemente  uno de los analistas de tendencias más reconocidos del mundo,  Adjiedj Bakas, en un discurso para 600 banqueros en el Foro Financiero de Luxemburgo, le dijo a los banqueros que “ya deberían de dejar su costumbre de inhalar cocaína”, pues esta afecta su conducta y los vuelve demasiado agresivos el momento de tomar decisiones importantes dentro del mercado… sobre las amas de casa, basta con revisar el botiquín de nuestras abuelas, madres, tías y ver cuántos barbitúricos usan. También son drogadictas, pero a diferencia de Jim Morrison, Martin Scorcese, Aleister Crowley, Diego Maradona, Charles Bukowski, y muchos más, carecen del aurea de tragedia y romanticismo que convirtió sus adicciones en algo mediático sobre lo que vale la pena escribir. Tampoco son como el sujeto lumpen que aparece en el programa de televisión “En carne propia” y se convirtió en un exitoso video viral en internet, gracias a su frase “yo lo que necesito es amor, comprensión y ternura”, pronunciada en medio del abismo de la drogadicción más pura y atroz, pero motivo de burla para los televidentes.

William S. Burroughs, ícono de la contracultura y de los mayores escritores del siglo XX ya lo dijo: “Las drogas son un estilo de vida, son mi estilo de vida”, a lo que de mi parte agrego: y todas las usamos, consciente o inconscientemente y eso no tiene nada de malo, pues las drogas no son malas ni buenas, son algo natural, sino, pregúnteles a los renos del primer párrafo de este artículo. Y como todo estilo de vida, exige asumir una postura clara, y la mía es la de un consumidor frecuente de varios tipos de drogas, tanto legales como ilegales, en pro de la pronta despenalización. Me declaro abiertamente drogadicto, sin vergüenza ni orgullo de aquello, simplemente como algo innato de mi filiación zoológica: homo sapiens sapiens, no muy diferente de los renos que devoran gustosos hongos alucinógenos en el polo norte para “volar” un poco.

 

 

***************************************

Mis principales fuentes para escribir este artículo fueron la magnífica página de noticias alternativas Pijama Surf  http://pijamasurf.com/ y la obra de Antonio Escohotado, particularmente “La historia de las drogas” y “Aprendiendo de las drogas”…ambos libros se pueden conseguir en Anagrama.

4 Respuestas a “De prohibiciones y otras perversiones (BG MAGAZINE Addictions 062)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s