Un año después del lanzamiento de MISS O’GINIA (contraporta de Juan José Rodríguez y Andrés TUSH Villalba)

SECUESTRO EXPRESS (tatuaje del Licen WILSON PACCHA y portada de MISS O’GINIA)

Miss O’ginia se sostiene en una línea narrativa que avanza en contra del encuentro sexual como promesa de gozo: porno desviado de dirección –y por ello, más sugerente- porque la anécdota se afirma contra el placer. Así, los relatos asientan su mirada en segmentos aparentemente periféricos de la anatomía humana y del anecdotario sexual. Esa periferia deviene centralidad por el carácter ritual –y vital- de estos relatos que, en su saturación monstruosa, eventualmente, se resuelven en ironía o parodia. Este libro, no exento de una gestualidad provocadora y de un singular sentido del lenguaje, es de las cosas más interesantes que la escritura más joven de mi país ha sido capaz de producir.

JUAN  JOSÉ  RODRÍGUEZ  SANTAMARÍA

Miss O’ginia de Fernando Escobar Páez es el libro más provocador, obsceno y vital de la nueva literatura del país. Libro que oscila entre una poesía arcana, difusa, y una prosa audaz, honestamente impía y pornógrafa. Escobar Páez es obsesivo con una idea de Fernando Vallejo que dice: “el hombre es una máquina programada para eyacular y lo demás son cuentos”. Pero encuentra en la frustración y la imposibilidad del deseo consumado una venganza que agudiza sus aristas envenenadas, –el deseo siempre va a pedir algo más perverso y se presenta en la cresta de su desnudez insatisfecha, y en la negación para aceptar la impudicia del rechazo- que transforma y reduce a sus víctimas o enemigos a un oscuro y terrible bestiario poblado de coleópteros, celacantos, trilobites, tapires, entre otros. Esta catarsis encuentra su salvación en estas aberraciones que deben existir porque arremeten furiosas contra todos los tabúes de un mundo pacato e hipócrita. Miss O’ginia es un universo descarnado, atrofiado y torcido, apuntalado con referencias mitológicas y una osada terminología científica. Pero no sólo es un breviario de groserías, también existen textos ambiguos con una inocencia que asustan como Yo soy la Reina de Inglaterra. Libro en el que crepita el cruel reflejo de uno mismo, y donde se revierte el papel de la majadería hasta caer en picada en el campo del humor.

ANDRÉS VILLALBA BECDACH


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