POESÍA DEL ECUADOR: A propósito de la muestra TICKETS DE IDA Y VUELTA, por PAUL GUILLÉN

Toda antología o muestra es incompleta, así apuntaremos dos nombres imprescindibles de la última poesía ecuatoriana que tal vez merecieron figurar en estas páginas, nos referimos al poeta Ernesto Carrión y a la poeta suicida Dina Bellrham. Revisemos uno a uno los autores incluidos en esta muestra. Marialuz Albuja tiene poemas de tono bíblico, sentencioso que recuerdan en muchos de sus trayectos a la poesía conversacional de los años 60, pienso en autores como Adoum, Cisneros, Pacheco, etc. No hay un síntoma de novedad en su poética, sino que es un continuismo no crítico ni lúdico respecto a poéticas que ya son una tradición. Por el contrario César Eduardo Carrión parte de una poesía salmódica que sí problematiza sus contenidos, podemos apuntar su culturalismo, su hibridez, lo épico y lo dramático en un mismo discurso. Esta poesía dialoga tanto con un sector del conversacionalismo mezclado con el surrealismo o autores como Henri Michaux o Saint John Perse. Fernando Escobar Páez desarrolla una poesía de vertiente pop coloquial, los referentes de la cultura de masas afloran en sus versos y cierto influjo beatnik o maldito que hace a su dicción fresca. Podemos relacionar su poesía con la del mexicano José Eugenio Sánchez o la de la peruana Tilsa Otta. Javier Lara Santos tiene las cualidades de sus tres predecesores, es decir, una poesía de un tono profético, sentencioso, en ciertos momentos salmódico, en muchos momentos irónico frente a la cultura. El texto “Del acabose” es interesante en el sentido del palimpsesto: un coro de voces (Quevedo, Rimbaud, Cortázar, Panero, Kayyham) se mezcla con la propia voz del poeta para darnos un texto híbrido, fronterizo, que da cuenta de sus resquebrajamientos. Luis Carlos Mussó es un poeta que va por el lado de la metapoesía, es decir, reflexionar sobre el propio componente de la poesía y sus mecanismos, me refiero claro al lenguaje. La dicción de Mussó va más por el lado del neobarroco. Hemos mencionado anteriormente términos como conversacionalismo, coloquialismo pop y neobarroco, antes de avanzar con nuestra exposición, debemos conceptualizarlos: conversacionalismo se refiere a un grupo de poetas que en los años 60 empieza a publicar sus primeros libros con un aura de poéticas provenientes de Eliot y Pound, la idea básica que tenían es una mayor complicidad con el lector a través de giros coloquiales en sus poemas, el lenguaje debe ser transparente, potenciado en su capacidad comunicativa; por su parte, el coloquialismo pop le agrega a esta vertiente el diálogo con la cultura de masas, por ejemplo, en estos poemas pueden salir personajes como Marilyn Monroe, Vicky la robot o la serie South Park; finalmente, el neobarroco es un término acuñado desde los años 80s, aquí se trabaja con las opacidades del lenguaje, si el conversacionalismo potencia lo comunicativo, el neobarroco potencia lo referencial, es decir, es una poesía del lenguaje. Si para los primeros lo importante es la linealidad, una historia que tiene un inicio, un desarrollo y un desenlace, los segundos optan por lo sinuoso, lo turbulento, no una única historia sino varias, donde se mezclan voces y todo tipo de fragmentos. Esteban Poblete Oña es en la actualidad un poeta inédito, por lo cual no se entiende su inclusión en esta muestra, tiene una poesía bastante extraña, una mezcla de varias tradiciones y una mezcla de géneros por decir lo menos. Su poesía no llega a configurar una poética rastreable del todo, hay como una especie de indefinición molesta. La poesía de Juan José Rodríguez también tiene un tono neobarroco y lo que nos interesa de dos de sus poemas publicados en esta muestra es que son poemas ecfrásticos, este tipo de poemas dialoga con las artes visuales, por ejemplo Rodríguez dialoga con cuadros de Egon Schiele y Francis Bacon, otros de sus poemas tienen referentes musicales: Schoenberg o Beethoven. Rodríguez es un poeta excesivamente más neobarroco que Mussó. Tanto Rodríguez como Mussó trabajan excelentemente el poema en prosa. Andrés Villalba con una poesía que reflexiona sobre el lenguaje en un gran flujo de conciencia que abarca situaciones y pensamientos de toda laya. Podríamos decir que Villalba también maneja el registro del neobarroco, pero quizás lo que más lo caracteriza es el eclecticismo de su dicción que es más semejante a prosas vanguardistas. Santiago Vizcaíno es un poeta con mayor carga lírica, son detectables en su poesía ecos de Eliot, Celan o Rilke. Su lenguaje es preciosista, luminoso. José Arturo Castro, otro poeta inédito, es un autor muy similar a Vizcaíno, tiene ecos de Eliot, Rilke, Celan, Perse y Trakl. Carla Badillo, es la más joven de la muestra, sorprende por su aliento contenido parece una mezcla entre Lewis Carroll y los ejercicios de Wittgenstein, en la poesía latinoamericana quien trabajó con esos referentes fue el chileno Juan Luis Martínez. Otros de sus textos son poemas sobre la migración con un sonido beatnik, tratan sobre la migración de latinos a Estados Unidos.

Tickets de ida y vuelta tiene la gran virtud de mostrar todas las tendencias de la poesía actual (conversacionalismo, coloquialismo pop, neobarroco, lirismo). La muestra por los menos nos deja tres nombres de referencia insoslayable dentro de la última poesía latinoamericana: César Eduardo Carrión, Luis Carlos Mussó y Juan José Rodríguez.

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