Mi terror

Es duro el trabajo de la pesadilla.
-LEOPOLDO MARÍA PANERO-

 

Cuando los antiguos griegos sufrían de pesadillas recurrentes
viajaban al templo de Epidauro donde los
sacerdotes del culto interpretaban los horrores nocturnos
para luego curar a los peregrinos mediante plantas
alucinógenas previamente bendecidas por el semi dios
Asclepio.

I

Pero ya no soy pagano ni drogadicto para merecer la
sanación. Me volví católico apostólico romano y abstemio
que se masturba con pesadilla en mano. Mi terror
tiene forma de mujer fea como Hefesto y frígida como
Artemisa. En las noches degüella a mi ganado y me
ofrece fresas negras, sudor de arimapso, ambrosia
defecada y besos de prostituta amazónica que nunca
me da, pues prefiere recordarme que nunca fui más
que su pegaso sin alas ni falo.

Ω

Mi terapeuta me pidió que intente masturbarme como
la gente normal: pensando en mujeres bonitas y adorables,
pero no puedo; mi verga tiene tanto miedo a la
noche que solo entre verrugas y derrotas puede besar a
La Triple Diosa.

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