Maurizio Medo: “Contra la muerte” (CartóNPiedra, 06/01/2013)

por Fernando Escobar Páez

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Y con tanta bulla ya no basta con besar

La placenta del lenguaje

Que va de trance autista O interrumpir su tesitura vascular

A punta de puro pleonasmo  Hay que rabiar, dos veces

En ida y vuelta Alas arriba y en los sótanos del Hades

Gracias a la eclosión de las redes sociales, el armisticio entre nuestros países y, sobre todo, al trabajo de varios editores / poetas que desde fines de la década pasada han pasado más tiempo en autobús recorriendo la ruta Lima – Quito que en sus casas, se posibilitaron procesos de retroalimentación y (re)conocimiento con la poesía peruana contemporánea. En este contexto, trabo amistad con una de las figuras más eclécticas del mapa poético latinoamericano actual: Maurizio Medo.

Personaje incómodo para el mundillo literario peruano, donde su afirmación de que “los diez peores años de la poesía han sido los noventa en Lima” no cayó nada bien, vilipendiado por “El cartel de Los Mochis” –la versión de cafetín del de Sinaloa- casi siempre escribe en español, aunque no es raro encontrar versos enteros en italiano o croata insertos en sus poemas, Medo aguanta y ataca como partisano: lejos de los reflectores y con inteligencia, impone su ruptura.

Una lectura superficial podría dar a pensar que Medo sucumbió ante un odradek que le obliga a transgredir toda barrera idiomática, sintáctica y de género en su obra. El psiquiatra promedio recetaría camiones enteros de rivotril, valium y tusigen para el paciente Medo, tal vez incluso sugeriría su deportación inmediata a los Balcanes para que reciba un poco de aire y se deje de vanguardias.

¿Sabe?, me vi morir todas las hadas –sin aura de flores- y no hubo héroes que alquilar en la hecatombe Mi ángel oscura bajo una negra clámide y, angulado en escorzo, finge no mirarme. Me ninfo fauno con estrépito troco querubes Escupo  Asco Befo Todo me sabe a óseo Pasajero.

Pero los psiquiatras no aman la poesía: para generar significados abusan de Rorschach, y Medo no necesita ver manchitas de tinta para saber que busca un hogar, que el cuerpo muerto del autor está en una habitación tenebrosamente blanca, esperando los aguijones de abeja melífera que se merece. Opta por engañar a su propio cadáver y para hacerlo escribe una epopeya polifónica. La poesía asumida como permanencia, el acto de escribir es un intento para construirse un hogar. Citando a Andrés Villalba, la obra de Medo está compuesta por “poemas que ajustician la vida del lector mediante su nefasto escribano, poemas vilipendiados por niños y que siempre son otra cosa, pero que exhiben una impronta singular en el quehacer de su autor, eso que hace a todo artista verdadero”.

Catalogarlo su poesía como neobarroca sería lo más fácil, pero ese reduccionismo digno de poeta de kermesse que solo lee la contratapa de los libros, se lo dejo a “Los Mochis”. La obra de Medo es inclasificable y unitaria, un solo corpus en constante reescritura pero dividido en varios libros. En este sentido, su poética dialoga con la de Héctor Hernández Montecinos y Ernesto Carrión, quienes también trabajan sus peculiares cosmogonías en un solo bloque de sentido.

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Amén de la glosolalia y de la multiplicidad de referencias literarias, míticas, po(p)s modernas y hasta farmacológicas que atraviesan los textos de Medo, lo interesantes –y perturbador- es su propósito: aniquilar el Yo para encontrar su identidad, escapando de clichés como otredad, alteridad y demás esquizofrenias que nos endilgaron los estudios poscoloniales, tan políticamente correctos, pero sin gota de la belleza y sangre que requiere cualquier ser emocionalmente potable.

Para entender “El Perú” de Medo, hay que renunciar a las alpacas, polladas y al show de “Laura en América”. Los peruanos de hoy tienen un equipo con nombre de poeta en primera división: el César Vallejo Futbol Club, saben que McDonald’s obtendrá la patente para vender réplicas del Machu Picchu en sus “cajitas felices”, que los muertos de Sendero Luminoso y Fujimori yacen en ataúdes de guano. Ante tanto desquicio, el poeta aplica las enseñanzas de Maeterlinck y Judas para tratar de explicarse  a sí mismo que es la identidad peruana. 

Judas de mis cristos ábrome paso por el psicosocial

temiendo sorprender en mi lugar a un doppelgänger

La editorial Ruido Blanco corre un riesgo penal y monetario al publicar algo tan peligroso como es Contra la muerte: fragmentos reunidos 2005 – 2012 de Maurizio Medo. No es un libro, es un artefacto bomba contra nuestras nociones de lenguaje y literatura, pues no es un poemario ni tampoco narraciones, ensayo o breviario de un eutímico contumaz: es todo eso y nada al mismo tiempo. Si yo fuera psiquiatra no dudaría en demandar al editor Juan José Rodríguez por publicar esta obra potencialmente dañina para el sistema límbico de las nuevas generaciones, pero como no me interesa la salud mental del prójimo, me limitaré a invitarle unas cervezas mientras aplaudo esta apuesta contra el bolsillo y la cordura que es publicar en Ecuador la obra de Maurizio Medo.

Link de descarga del texto original: 

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