Michel Houellebecq: El provocador cansado (CartóNPiedra, 30/06/2013)

 

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por Fernando Escobar Páez

Dependo por completo de la sociedad que me rodea, pero yo para ella soy poco menos que un inútil; todo lo que sé hacer es producir dudosos comentarios sobre objetos culturales anticuados[1].

 No existe aspecto relevante de la historia contemporánea o de la industria cultural que no haya merecido varios párrafos de escarnio de parte de la pluma quirúrgica de Michel Houellebecq. Para sus detractores, es un escritor mediocre producto del marketing que no contento con escribir cosas repugnantes, las dice en cada intervención pública con el objetivo de acrecentar su fama como L’enfant terrible, lo cual resulta chocante en un hombre que se define a sí mismo como un anciano. Para otros, no solo es el mejor novelista en lengua francesa de finales del siglo XX, sino  también el mayor crítico de la civilización occidental y sus anquilosados valores éticos.

Su opinión sobre la literatura contemporánea es lapidaria: libros modestos infestados de buenos sentimientos que ni siquiera están bien escritos, razón por la cual no tiene empacho en afirmar que él es “el mejor”.  Sus novelas se hallan más cerca de la sociología y de la filosofía positivista que de la literatura en sí, con lenguaje frío y crudo pero no exento de un humor extremo, desmenuza cada aspecto de la vida del hombre posmoderno. Se ve a sí mismo como el heredero de Balzac y Sade, en parte porque no existe en las letras francesas nadie con quien competir por dicho honor. Del primero toma las habilidades narrativas del romanticismo y su agudeza para interpretar los cambios sociales de su tiempo; del Divino Marqués su faceta como moralista en el sentido de rebelarse contra vacuas convenciones morales en busca de un nuevo hombre libre de ataduras.

Acusado de en sus libros hacer apología al turismo sexual y a la pederastía, degradar a la mujer en sus sórdidas descripciones de actos sexuales, en el 2002 fue citado por la justicia francesa en el marco de un juicio[2] impulsado por la Federación Nacional de Musulmanes Franceses y la Liga Mundial Islámica, quienes lo acusaron de incitar el odio racial y religioso, por sus declaraciones en una revista donde afirmó que “el islam es una religión estúpida y peligrosa”. Mientras se desarrollaba el juicio, Houellebecq estaba de gira presentando su cuarta novela “Plataforma” e impávido continuaba con sus ejercicios de provocación: “El problema de los musulmanes es que el paraíso erótico que se les prometió se encuentra en nuestro mundo. Por ello ni siquiera es necesario morir como mártir para alcanzarlo. Basta irse con unos dólares a Bangkok o Pattaya. Tailandia está repleta de turistas árabes. ¿Es casual? No, no lo es, porque obedecen y escuchan sus deseos, lo que la carne les demanda. El punto es que el Islam los ha vuelto hipócritas en alma y comportamiento”.  Si bien fue declarado inocente, no por ello ha dejado de recibir amenazas de muerte, e incluso se le atribuyó el haber “dado ideas” a los integristas que colocaron bombas en un centro turístico de Indonesia[3].

Nació con el nombre de Michel Thomas en Saint-Pierre, departamento ultramarino de Reunión, el 26 de febrero de 1958. Sus padres –un guía de alta montaña y una anastesióloga- lo abandonaron desde pequeño para llevar una vida disoluta, dejándolo bajo la tutela de su abuela paterna, tal como les sucede a los personajes principales de “Las partículas elementales”. En 1980 se gradúa como ingeniero agrónomo pero trabaja de informático. En esa década sufre una depresión psicótica que lo lleva al desempleo durante algunos años, tiempo que lo dedica a escribir poesía.

Repetición de muertes y de los abandonos y los más puros
subían hacia su calvario,
Recuerdo a tu primo la mañana en la que se tiñó el pelo de verde
Antes de saltar al río,
Era tan nueva su vida[4].

Salvo estos datos, que fuma un cigarrillo tras otro y sus escándalos públicos, se tienen pocas certezas sobre la vida personal de este escritor, en parte por las declaraciones que suele realizar sobre el tema: “yo invento mi vida, como me la inventaba cuando iba al psiquiatra, porque lo que me interesaba era conseguir la baja médica. La realidad es secundaria, si rasca usted un poco en mis datos biográficos verá que son inventados. Miento”. Acostumbrado al aislamiento, no suele contestar llamadas ni e-mails con facilidad, sus presentaciones generan revuelo, a veces asiste a las ruedas de prensa en estado de ebriedad o en pijama, hasta cuando responde solamente con monosílabos ocupa la primera plana de los diarios. En su última desaparición en el 2011, la red se inundó de rumores sobre un secuestro en manos de extremistas o de un hipotético suicidio, ambos hechos perfectamente coherentes con las ideas que expresa en su obra.

Considerado el escritor “anti-sistema” por excelencia, no obedece a ninguna militancia más que su ciclotímica conciencia, gracias a la cual ha conseguido lo que pocos: ser atacado con igual encono por conservadores y progresistas, siendo tachado como reaccionario por ambos bandos, lo cual no sorprende, pues vivimos en un periodo ideológicamente extraño, donde todos piensan que el capitalismo está condenado a corto plazo, pero las posturas de extrema izquierda solo sirve como proyecto de vida para su clientela habitual de masoquistas huraños. Los grandes relatos han dado paso a las fórmulas de choque con poca profundidad, las nuevas formas de militancia solo son para gente feliz, poco importa que millones griten en pro de un cambio de modelo y en busca de una sociedad más igualitaria, se trata de un perverso juego donde los activistas tras la manifestación van directo al Mc Donald’s más cercano a comprar ensalada mientras bombardean las redes sociales con frases indignas hasta de convertirse en camisetas. Tuitear “estoy indignado” solo sirve para engordar las cuentas bancarias de las empresas telefónicas.

Algunos, entre los más jóvenes, llevan cazadoras con motivos del rock duro más salvaje; se pueden leer frases como Kill them all! o Fuck and destroy!; pero todos comunican la certeza de estar pasando una tarde agradable, dedicada esencialmente a consumir, y por lo tanto a contribuir a la reafirmación de su ser[5].

Para Houellebecq, esto es la consecuencia lógica de la torpe afirmación integral de los derechos del individuo frente a las normas sociales que dejó como legado la revuelta de Mayo del 68, movimiento hacia el que guarda particular inquina. Su segunda novela, “Las partículas elementales” constituye una crítica feroz al egoísmo de dicho paradigma hippie, versa sobre el cómo los supuestos ideales libertarios esconden neuróticos proyectos homogeneizantes que sacan a flote lo peor del animal humano, banalizando las relaciones  y engendrando toda una generación de tullidos emocionales incapaces de desarrollar empatía.

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Tal como señala Alan Pauls, en Houellebecq se encuentra “el sexo menos erótico y más contagioso que se puede rastrear en la ficción contemporánea”. El escritor argentino señala tres etapas sexuales por las que deambulan los personajes del francés: trauma y ausencia de deseo propio de la gente infeliz; penetración fría del porno duro pero que no alcanza la satisfacción plena; y la petite mort que por su misma condición extática, se halla condenada al fracaso. Esta secuencia de carencia, continuidad mecánica y abolición abrupta del placer, va de la mano con el desarrollo de la trama, y aunque por momentos pareciera haber cabida para la esperanza, al final siempre es la tragedia la que se impone. No en vano Houellebecq ha dicho en reiteradas ocasiones que ninguna historia de amor tiene un final feliz.

Apreciaba su voz dulce, su celo católico y minúsculo, el movimiento de sus labios cuando hablaba; debía de tener una boca muy cálida, dispuesta a tragarse el esperma de un amigo de verdad[6].

 Si bien en sus libros lo más llamativo a primera vista son los anti valores que pregonan sus personajes, su desarraigo y falta de esperanza, la ciencia ficción distópica ocupa un espacio preponderante dentro de la obra houellebecquiana. La clonación humana como un salto evolutivo inevitable y solución técnica al problema de la inmortalidad. Pero este don por sí solo no es funcional. La verdadera promesa se halla en el goce perpetuo de los placeres vitales y para ello es necesario un cuerpo joven y bello. No hay gloria en ser criogenizado al estilo Walt Disney o en convertirse en uno de los patéticos struldburgs[7] descritos por Jonathan Swift.

Cuerpos reducidos al papel de un mero contenedor temporal y una vez agotado su ciclo de vida útil, el contenido se vacía en otro recipiente de idénticas características, upload / download que transmuta las experiencias y sentimientos en bytes, todo esto enmarcado en un futuro post apocalíptico, donde bizarras sectas que conjugan el cristianismo primitivo con la ufología y una sexualidad extrema, son las encargadas de llevar al cabo esta “deseable” mutación metafísica.

Se han obtenido resultados –de transmisión de memoria y personalidad-  interesantes con algunos nematelmintos, simplemente centrifugando las neuronas implicadas o inyectando el aislado proteico en el cerebro de un nuevo sujeto: se obtiene una reconducción de las reacciones de evitación, especialmente vinculadas a los choques eléctricos, e incluso del recorrido en ciertos laberintos simples[8].

 Con la finalidad de evitar el acoso mediático y las muestras de fanatismo exacerbado –a favor y en contra- que generó su éxito, Houellebecq se fue a vivir a Irlanda, el país donde se llevó a cabo la clonación de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. A inicios del 2003, la secta raeliana anunció que a través de su compañía Clonaid había conseguido la primera clonación humana, pero jamás aportaron pruebas. Los azraelianos y el elohimismo a las cuales hace referencia Houellebecq, se basan en sus postulados, llegando a tomar varios aspectos de la biografía de “su mesías”, Claude Vorilhom, para la construcción de sus narraciónes.

El auge de estas pseudo religiones New Age con sus retóricas simples y seductoras, más preocupadas de la forma que del contenido, las caducas estructuras verticales de las grandes religiones, incapaces de ofrecer respuestas satisfactorias a los miedos ancestrales de la humanidad, el fin de los discursos locales acelerado por la globalización, y los límites difusos en cuanto a lo que es ético y lo que no dentro de la investigación científica, nos invitan a pensar que la pesadilla houellebecquiana no parece muy distante.

Este tópico es desarrollado en varios grados de intensidad  en las “Partículas elementales”, “Lanzarote” y en “La posibilidad de una isla”. Se podría decir que conforman una suerte de tenebrosa trilogía sobre las posibilidades de la clonación y el futuro de la espiritualidad humana.

En el momento que suscitéis en los demás una mezcla de horrorizada compasión y desprecio, sabréis que vais por buen camino. Podréis empezar a escribir[9].

 Houellebecq afirma que la conciencia precoz de vivir en un entorno desagradable fue lo que lo convirtió en escritor. El trauma primigenio de haber sido despreciado por sus progenitores, le obligó a dar una forma estructurada a su sufrimiento. Asumir el sentimiento de culpa y la timidez con el desfase entre voluntad / acto, es una forma de autoconocimiento indispensable para todo escritor. Su manifiesto “Sobrevivir” pareciera ser un tributo o continuación de “Bendición”[10] de Charles Baudelaire, quien junto a Mallarmé, es su poeta favorito. Si bien su obra poética es menos conocida y llena de altibajos, carece del humor de sus narraciones, pero nos ofrece la misma desesperación rutinaria de las grandes urbes e imposibilidad de ser feliz en medio de una sociedad ruin que encontramos en su producción novelística.

Estas son algunas de las claves para conocer la obra literaria de Houellebecq, quien también cuenta con una respetable producción ensayística y ha incursionado en otras artes como el cine y la música. Aunque en su último libro “El mapa y el territorio” baja los decibeles de su furia y posee un aire melancólico mucho más acentuado que el de sus anteriores producciones, el poder corrosivo con el que disecciona a la sociedad contemporánea se mantiene intacto.

En una entrevista reciente dijo que antes sonaba como una banda de punk y que ahora es más como Pink Floyd, pues se ha dado cuenta de que si le gusta provocar es por cansancio, y que el efecto transgresor es igual de poderoso pero más duradero con su actual murmullo que con la insolencia de sus primeros libros.

michelhouellebecq

Link del texto original:

http://www.telegrafo.com.ec/cultura/carton-piedra/item/michel-houellebecq-el-provocador-cansado.html


[1] Las partículas elementales, HOUELLEBECQ MICHEL, Anagrama, Barcelona, España, 2002, pag 203.

[2] Salman Rushdie, sobre quien pesa una fatwa impuesta por el Ayatollah Khomeini por haber ofendido al islam, se solidarizó con Houellebecq y encabezó su defensa dentro de los círculos intelectuales: “La gravedad de esta demanda en contra de un escritor multi premiado, ampliamente reconocido como uno de los talentos europeos recientes más buenos y menos cómodos obliga a todos los hombres de buena voluntad a acudir en su ayuda”.

[3] El 12 de octubre del 2002, el grupo terrorista Jemaah Islamiya atacó el distrito turístico de Kuta en la isla de Bali, dejando como saldo 202 muertos –la mayoría turistas occidentales- y 209 heridos. En Plataforma, libro publicado el 2001, se desarrolla una escena que prefiguró con asombrosa exactitud lo que sucedería un año después. En una macabra coincidencia, hasta la hora del atentado y el tipo de bomba empleada coincidieron con el texto de Houellebecq.

[4] Cartas Nuevas, de Poesía completa, HOUELLEBECQ MICHEL, Poesía completa, Anagrama, Barcelona, España, 2012, pag 119.

[5] Ampliación del campo de batalla, HOUELLEBECQ MICHEL, Anagrama, Barcelona, España, 1996, pag 52.

[6] Plataforma, HOUELLEBECQ MICHEL, Anagrama, Barcelona, España, 2002, pags 46 – 47.

[7] Inmortales del país de Lugg, en Los viajes de Gulliver. Son despreciados y recluidos en un asilo donde pierden la cordura. Su nacimiento es considerado como una vergüenza para la familia.

[8] La posibilidad de una isla, HOUELLEBECQ MICHEL, Alfaguara, Madrid, España, 2005 pag 121.

[9] Primero, el sufrimiento, de Poesía completa, HOUELLEBECQ MICHEL, pag 14.

[10] Poema de Spleen e Ideal, primer capítulo de Las Flores del Mal.

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