Elías o el nuevo héroe “loser” de Fabián Patinho (El Telégrafo, 31/07/2013)

Por Fernando Escobar Páez, especial para El Telégrafo

MONTAJELIAS

Como sabes mi mente puede ser un lugar muy hostil. Mi capacidad de auto-flagelación me hace sospechar que hay un monje franciscano habitando en algún sector de mi lóbulo occipital.

Fragmento del texto teatral

La segunda incursión teatral del poliédrico Fabián Patinho maneja el discurso de la alienación como mecanismo de supervivencia temporal. Al igual que en sus otras facetas creativas –que van desde el cómic hasta la investigación paranormal- “Elías o quién diablos te crees que eres” exhibe un corrosivo sentido del humor capaz de arrancar tanto carcajadas como oscuras reflexiones acerca de la condición humana.

La génesis de “Elías” fue en el 2004 en el marco de un festival de teatro latino en Providence, Estados Unidos. En dicha ocasión, el monólogo fue interpretado por el propio Patinho, pero debido a la resaca y lo inesperado de la invitación, no contaba con un final y en un estado de trance sobre las tablas, inventó las últimas escenas.

La obra va por su tercera temporada y sigue reescribiéndose debido al aporte de Gonzalo EstupiñánPese a que esta obra va por su tercera temporada, se halla en constante reescritura, en gran parte debido al aporte del actor Gonzalo Estupiñán y su capacidad de improvisación, quien en varios pasajes baja del escenario e interactúa con el público, otorgando su sello personal al texto.

Tras regresar en un estado de confusión y paranoia de una fiesta de disfraces, Elías empieza a repasar su tortuosa trayectoria vital, marcada por una serie de vejaciones tanto reales como imaginarias. Lleva puesto el uniforme de José Voltaire Villafuerte, mítica estrella de El Nacional durante sus bi tricampeonatos de fútbol.

Apodado como “Cielito”, el peinado afro de dicho jugador y sus goles lo convirtieron en ídolo de la niñez ecuatoriana. Sin embargo, cuando le tocaba jugar contra equipos extranjeros, Voltaire Villafuerte no daba la talla y de héroe se transmutaba en ícono de la impotencia. Elías no solo usa su vestimenta, proyecta el miedo hacia el exterior de “Cielito” y desarrolla un maniático ejercicio de introspección para asumir el fracaso que años de decrepitud adolescente y carencia de autoestima le han provocado.

A lo largo de la obra, una imperativa voz femenina a través de la contestadora intenta rescatar a Elías de sí mismo, pero ya es demasiado tarde para detener el rito de autoflagelación que se desarrolla en el escenario. Elías ya ha perdido todo interés por el contacto humano, mas no por el mundo de los objetos. Cambia de disfraz y de recuerdos, pero la desolación va in crescendo con cada mutación. El escaso mobiliario adquiere un peso que atormenta a Elías, pero solo a través de la manipulación de lo tangible conserva instantes de lucidez que evitan el anhelado suicidio con una pistola de balines fulminantes, ¡cualquier salida es mejor que enfrentarse a los verdaderos locos, aquellos que ocupan los otros departamentos del edificio gris!

No puedes tener una idea cercana de las cosas que saben de ti. Hablo de tus vecinos. La siniestra mujer de la tienda. El gordo de la esquina con el gato grande como un oso hormiguero. La pareja de ancianos tras esos balcones con sus millares de helechos resecos. Los adolescentes que les gusta jugar al final de la calle sólo cuando las chicas están en casa fregando la vajilla. Esa profesora de colegio devota de hacer llamadas al 911.

Foto cortesía de Vanesa Trujillo

Foto cortesía de Vanesa Trujillo

Ese Otro perverso e incómodo contribuye con chismes a los recuerdos de Elías. Parafraseando a E. M. Cioran, todo ser humano esconde un potencial vecino y cuando despierta, aumenta la maldad del mundo. Seres como Elías nunca fueron aptos para compartir sentimientos o siquiera aire con los demás, por eso prefieren quedarse en el departamento mientras engordan y se travisten ocasionalmente para limitar al máximo cualquier encuentro ocasional.

Hemofílico emocional, galán incompetente y víctima de un perpetuo bullying metafísico, Elías es el hijo que nadie quisiera tener, el animalito que por su propio bien debería ser sacrificado, pero que lejos de inspirar repugnancia, nos ofrece el retrato de nuestras horas bajas, aquellas donde pelar 25 naranjas en fila funciona como sucedáneo del calor familiar.

Existe cierto heroísmo en el canto del autoproclamado “loser” Elías, quien solo al final adquiere consciencia de ser una unidad indisoluble con “el monstruo debajo de la cama” al que siempre achacó sus derrotas. Con la aceptación, recupera parcialmente su identidad. Deja de ser carne para el psiquiátrico y al fin puede desprenderse de todos los disfraces que lo han hecho infeliz durante años.

Restan solo dos funciones de esta poderosa catarsis teatral, tras la cual la dupla Patinho-Estupiñán se dedicará a la producción de la comedia “El estigma y el ladrón”, obra a ser estrenada durante el mes de octubre.

http://www.telegrafo.com.ec/cultura1/item/elias-o-el-nuevo-heroe-perdedor-de-fabian-patinho.html

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