Lou Reed: adiós al beat de cuero y lentejuelas (CartóNPiedra, 03/11/2013)

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por Fernando Escobar Páez

Imaginación rentada por drogas  alguien que está siempre aburrido aterrado por la muerte de su propia vida paro más aún a la muerte. compañera apropiada para nadie dejar sola a una mujer no es ejemplo para chicos por lo tanto no hay sol para mí No estoy para contar y pensar en esto que son la causa para sentirme infeliz. 

El pecado fue locura, ves no se culpen por eso una extraña niñez, es verdad pero nada se puede hacer con respecto a eso. El futuro es igual para todos Lo encaramos como podemos y no hay nada malo con tener miedo eso prueba que eres un hombre[1].

La desaparición física de Lewis Allen “Lou” Reed (2 de marzo de 1942 – 27 de octubre de 2013) puede ser leída como el inicio del fin de los grandes maestros del rock, aquellos que se inyectaron todos los abismos durante décadas, pero que sobrevivieron para convertirse en íconos culturales y maestros zen. Lou, el pálido niño judío al que sus padres conectaron a la máquina de electroshocks para corregir su camaleónica sexualidad y proverbial devoción por la música de los negros, no solo fue –es- el punto de partida del rock alternativo propiamente dicho y uno de los mayores bardos de su generación. David Bowie, Morrissey, Duran Duran, Nirvana, Pearl Jam, R.E.M., Red Hot Chili Peppers, Beck[2], Pulp, The Strokes, Sumo, Albert Pla, 1280 almas, son solo algunos de los artistas que han versionado sus canciones. Con Metallica grabó el polémico disco “Lulu” en el 2011, obra que incluso le valió recibir amenazas de muerte de parte de los intransigentes fans de la banda metalera. Según la publicación especializada en charts Billboard, tras su muerte las ventas de sus discos se han disparado un 607%, siendo Walking in the wild side la canción más descargada de la semana, con un incremente del 3000%. Sus letras pobladas de transexuales, paranoia y drogas duras resultaban indigeribles en los 70’s con sus políticamente correctos cantantes flower power que pensaban que hacer rock era un pretexto ligar chicas y surfear,  pero el atemporal Lou Reed obtuvo su revancha definitiva un cuarto de siglo después, cuando los proletarios post punk y grunge distorsionaban guitarras y construían suicidios, lo encumbraron como su padre espiritual. También influyo la cruel escena de “Trainspotting”, donde un ataúd se traga a Mark Renton –y con él, a toda una generación- al son de “A perfect day”. Si bien el mismo Lou Reed manifestaba que dicha canción habla de la heroína, prefiero el acercamiento romántico que realiza Nick Cave a la poética de Lou:   Son las oscuras líneas del tercer verso, “pensé que era alguien más, alguien bueno”, lo que transforma esta canción del sentimentalismo en la obra maestra de la melancolía que es. Estas líneas no duelen solamente por el fracaso y la vergüenza, sino que nos recuerda en términos más generales la naturaleza transitoria del amor: que él tendrá su día “en el parque” pero, como cenicienta, debe regresar a medianoche al hollín y a las cenizas de su mundo desencantado; debe regresar a su antiguo-yo, a su yo-malo. Es fuera del vacío donde esta canción reverdece, vestida en pérdida y extrañamiento[3].  

Aunque nunca publicó una novela propiamente dicha, varios de sus discos siguen una línea narrativa. El mejor ejemplo podría ser el oscuro “Berlín” de 1973, donde se cuenta el ascenso y caída de una pareja de adictos por los tugurios germanos. Lo urbano marca la pauta en su casi treintena de discos de estudio, resulta imposible entender a Reed sin Barcelona, Berlín o Londres, pero es su natal New York el germen de esa visión cosmopolita que se aprecia en sus trabajos.

David Bowie, Iggy Pop y Lou Reed

David Bowie, Iggy Pop y Lou Reed

Su último disco en solitario, “Hudson river wind meditations” del 2007, puede ser leído como la firma de un armisticio entre Lou y la corrupción urbana. Ya no son putas y traficantes quienes habitan la New York de Lou… es el río que limpia y absuelve a la Babilonia del Norte. La furia ha dado paso a la contemplación, lo cual no resulta extraño, pues para dicha época su afición al yoga y problemas hepáticos le advirtieron que La Barca de Caronte se acercaba a velocidad alarmante. 

Si fuera rico te llevaría lejos ahora mismo.  pero como no lo soy ¿Podemos quedarnos a ver una película prohibida?[4]  

No puedo dejar de mencionar el disco clave en su trayectoria solista: “Transformer” de 1972. Producido por David Bowie, en dicha obra Reed consigue desprenderse de la pesada mochila de haber sido parte de los perturbadores “Velvet Underground”, el producto ancla de la fábrica warholiana en el barrio Village. Las malas lenguas dicen que este acercamiento se produjo gracias a la ambición de Reed, quien solamente quería subirse a la ola del glam pop para ganar dinero –Velvet Underground no fue rentable económicamente, Andy Warhol alimentaba a Reed y compañía para evitar que mueran de inanición- y abandonar el infame trabajo de mecanógrafo en la empresa familiar. Pero al juntarse con Ziggy Stardust, se produjo una transformación en la misión de Lou. Adoptó el discurso andrógino de su mentor, pero mientras Bowie peleaba con arañas marcianas, Lou le dió un enfoque terrenal y ácido. Saturó con lentejuelas sus chaquetas de cuero negro –prenda con la cual se identificaba a quienes ejercían la prostitución masculina-, maquillaje japonés, y ya no se enojaba cuando le recriminaban por desafinar en la guitarra. Este nuevo Lou Reed cargado de humor negro en una entrevista dijo:   Las chicas nunca me gritaban… le gritaban a David (Bowie) pero no a mí… a mí me lanzaban jeringas y porros al escenario… esa sería una estrofa grandiosa, ¿no? Se dice que los Velvet Underground no vendieron muchos discos, pero que ese reducido grupo de personas que compraron alguno, terminaron iniciando una banda…no sé si sea verdad… nunca me importó la credibilidad, excepto la mía. Siempre pensé que éramos los mejores y todavía lo pienso.   Actitud desafiante ante la industria musical, que le llevó a crear en 1975 el que para muchos es el disco más insoportable de la historia del rock: “Metal Machine Music”, donde aplica –para disgusto de su disquera- avant noise y música concreta, haikus incomprensibles y diseño industrial Warhol dixit. Obviamente el disco fue un rotundo fracaso en ventas, pero Lou ya estaba por encima del bien y del mal:

En el arte de Transformer, Lou Reed juega al andrógino... según rumores, ambos modelos (masculino y femenino) son Lou disfrazado

En el arte de Transformer, Lou Reed juega al andrógino… según rumores, ambos modelos (masculino y femenino) son Lou disfrazado

Dejó las drogas a inicios de los 80’s y aunque muchos extrañaban al salvaje Lou que iba a los conciertos para insultar a otras bandas e inyectarse gratis, el nuevo Lou –en perpetua transmutación- ganó en profundidad. Volvió a juntarse con el ecléctico pianista galés John Cale[5] y revivieron al recientemente fallecido Andy Warhol a fuerza de poesía. 

Estoy harto de la astrología, digo del I ching y el misticismo. ¿quién necesita heroína y metadona mientras práctica yoga? No más miradas beatíficas mesías químicos y roedores del underground. Burlándose bajo túnicas hay cuerpos atormentados y dispuestos a destruir, más allá de los esquizoides en el mundo de la cuadrofenia. demasiadas cabezas atormentadas, digo. menos pelo y menos glamour[6].

El lenguaje cinematográfico tampoco fue ajeno a Reed, además de en varias filmaciones experimentales de Andy Warhol, participó en “El cielo sobre Berlín” de Win Wenders, “Blue in the face” y “Lulu on the bridge” del novelista Paul Auster. En el 2010, dirigió el documental corto “Red Shirley”. Ha participado también en más 150 soundtracks entre series de televisión y películas, siendo tal vez la más relevante la escena de “Last Days” de Gus Van Sant, donde los actores que representan a los hipotéticos miembros de Nirvana ponen un acetato con la canción “Venus in furs” y empiezan a taradearla. Esta escena no es gratuita, pues tal como señalé al inicio de este texto, el movimiento grunge de Seatle fue reivindico a Lou Reed como su principal referente intelectual. Como referentes literarios de Lou, podemos citar a la generación beat, de la cual –sin proponérselo- terminó siendo parte gracias a sus amigos Delmore Schwartz y Allen Ginsberg, a Edgar Allan Poe[7], Jean Genet, Nelson Algren, Arthur Rimbaud y muchos otros. Al igual que Bod Dylan y Leonard Cohen, el nombre de Lou Reed siempre estuvo presente en las quinielas como un serio aspirante a ganar el Premio Nobel de Literatura, aunque lamentablemente –debido al prejuicio reinante en la academia contra los cantantes- su rica obra poética no ha recibido la difusión que merece fuera de los Estados Unidos, donde consta dentro de la serie “United States of Poetry” de Mark Pellington. Ese rico bagaje literario no solo le permitió ser uno de los mejores letristas de la historia del rock, sino que valió reconocimiento público como poeta maldito, etiqueta que solo adquiere sentido en verdaderos monstruos de las letras como aquel que desde el domingo dejó de take a walk on the wild side[8] para dirigirse –en féretro- hacia la eternidad.

http://www.telegrafo.com.ec/cultura/carton-piedra/item/lou-reed-adios-al-beat-de-cuero-y-lentejuelas-2.html


[1] Fragmento del poema “Desechado” de Lou Reed.
[2] El tributo más completo fue el hecho por este artista, quien sacó un disco entero dedicado a versionar grandes éxitos de Velvet Underground
[3] CAVE NICK, Cátedra sobre la canción de amor, conferencia en Atelierhaus der Akademie der bildenden Künste, Viena, 2012.
[4] Fragmento del poema “Betty” de Lou Reed.
[5] Cale y Reed fueron los miembros fundadores y cerebros de Velvet Underground. También conformaban la agrupación Sterling Morrison, Maureen Tucker, –al inicio- la vocalista teutona Nico, y como mecenas, a Warhol.
[6] Poema “A mí también me gustan las lentejuelas” de Lou Reed.
[7] En el 2003 publicó “The Raven”, disco tributo a Poe, donde Lou convierte los cuentos del autor bostoniano en canciones.
[8] Línea de la icónica canción del mismo nombre, la cual se basa en una novela de Nelson Algren. Reed incluye en la canción una referencia del argot gay neoyorquino a la felación, but she never lost her head, even when she was given head, la cual pasó desapercibida por los directivos de la disquera.

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