Rodinás en reversa mientras alimenta a su bonsái (interescritura y selección de poemas para la revista de la CCE)

Rodinás en reversa mientras alimenta a su bonsái

by María Rubinke

by María Rubinke

 

 

por Fernando Escobar Páez

 

Sospecho que Juan José Rodinás (aka Pequeño ultravioleta / Dollboy / Koan / Artekovski) es una estructura viva que encontró al Ubik y que sus libros son equivalentes a los extraños juguetes que Ella Hyde de Runciter enviaba a los pseudovivos para denunciar los peligros que se esconden tras el amable rostro criogenizado de un mundo al que creemos real. Usar esta analogía basada en Philip K. Dick puede ser antojadizo de mi parte (no me consta que Juan José lo haya leído, pero sé que en algún punto invisible de los mundos D-branas, un androide se ahorca con la supercuerda más cercana mientras sueña que canta al bonsái de Rodinás).

Feo vicio de los neobarrosos este de la re-escritura, diálogos y experimentaciones dirán “los poetas de la emoción”, aquellos tontos alegres que viven –a veces se reproducen, lo cual es lamentable- y mueren en mundos unitarios donde la experiencia personal es hiper configurada desde el mísero libro de texto con el que su profesor de secundaria “les enseñó poesía” y que a su vez sirve para embrutecer a sus propios alumnos, felicitándose a sí mismos de no ser parte del otoño inhabitable que vive en ciertas cabezas, que como la de Rodinás & heterónimos se vuelven innombrables en su estado de antenirvana y no hay farmacología que pueda venir al rescate cuando se habita en un páramo inverso por voluntad propia.

Esta breve muestra de la obra de Rodinás corre en reversa como una corrupción del duramadre, aracnoides y piamadre que atraviesa a quienes se atreven a leer sus versos como si acariciaran algo orgánico. Estamos frente al espejo mental de alguien que se rapó las cejas a los 16 años como un rito exorcizador de ausencias y venganza contra el mundo… pudo haberse convertido en Patoso, el personaje de Full Metal Jacket  interpretado por Vincent D’Onofrio, pero prefirió no disparar(nos)(se) y leer al bonsái de su casa como la aplicación poética más eficaz para salvar sus mundos.

 

 

 

by María Rubinke

by María Rubinke

 

Anhedonia (2013)

 

Artekovski nos cuenta sobre su 7 de enero de 2012

 

 

Saldría en bicicleta, como ahora, pero hoy no se salía.

Mi bicicleta era un momento en una escena proyectada en la piel

de un animal enorme e invisible. El sol era el trabajo

haciendo una colina de huesos rotos sobre la avenida.

La precisión de una avenida, contrapuesta al esprit del domingo:

un perro negro atraviesa la calle hasta el parterre,

el parterre y el perro son el sol del momento, la imagen circular.

Veo el cielo: son globos, aviones, nubes que avanzan hacia atrás,

un tintineo de verano sobre un orificio en una caja de cartón.

Estoy despierto en medio de un bosque transparente

donde las formas trabajan para eludir la realidad.

Aunque el verano fuese el momento, mi bicicleta

debía quedarse atrás de la autopista que cruza esta vida (o la mía),

la calle, los momentos y la autopista de todos los momentos.

Las ruedas giran sobre el mundo de muchísimos mundos,

okupas, mendigos de materia y paseantes atentos.

La emoción conoce las estrellas como un diagrama de puntos

sobre el bosque de trapo alineado a lo lejos. Muchas personas,

ejecutivos de banco y expertos de informática.

No veo que nadie llore, pero tampoco miro demasiado a nadie.

Alguien debe llorar & alguien debe consumir pastillas para no llorar.

Alguien muy lejos del idioma debe saber leer lo que no llora.

Mi bicicleta debe atravesar autopistas para que yo sea velocidad

y no cuerpo aterido: empieza lo que llueve & soy ajeno a todo.

El cielo es pausa: si lo ves no belleza, atiende mi clima lo verano,

que el mundo espere para mi otro día: ya llegaremos

lo que es nunca.

 

 

 

Estereozen (2012)

 

País línea

 

 

 

¿Quién habita este país, esta línea de grafito? El hombre punto. Los hombres punto hablan por sus dos bocas, por sus dos anos: llaman al dios de las tres dimensiones: ¿será un cubo neón, satén, amarillo? Aquí, el mundo es una línea sobre un estuario blanco: big bang del color en una estufa de la mente. Pienso, desde otro rincón de la cabeza descubierta, que pueden pasar trenes hacia las nubes en el paisaje del cerebro azul. Mirlos en el pastizal junto un bosque: lo que puede meditarse. La realidad: el pájaro del país es un punto de música oscilante desde una distancia infinita, no visible para el ojo humano, para esta línea. Casas guiones (-), segmentos donde vibran, como estrellas, los puntos. Las estrellas del cielo son puntos escritos sobre las personas puntos que pasan siempre a ser estrellas. Míralas. Rascacielos sobre rascacielos sobre rascacielos: es una línea segmentada sobre una línea estable: ¿cómo maúlla aquí el gato de Cheshire? Los ascensores ni suben, ni bajan, ni suben-bajan. Los columpios son objetos de la mente. Punto revolución del color, el pintor de este país en una línea, ¿un punto magenta que arde sobre el país línea? La nieve no cae sobre ella, sólo define su contorno: aquí no invierno, sólo un trazo de sombra. Sólo la luz donde se acaba la línea dibuja el paraíso: eso piensa el presidente puntitito de este aglomerado de ciudades que se construyen sobre sí. Nada encima de otra cosa: nada. Un niño punto piensa: nada falta para ser el esclavo de mi habitación punto cuerpo, entre árboles puntos, comidos por la muerte punto. Y entonces escucharse el viento, ulula, cuando la línea ulula –todo el universo es lo que ulula: el hombre punto: fue nadie- se trazaba subía como una ondina doble (mira esa S, curva de una carretera impensable, imposible). Nunca fue nadie: un punto que llueve sobre sí para llover en nadie. Los que creen en el país como trazo continuo cuando ven la línea ven otra línea: van, ven el hombre punto como un punto que se mueve, el cielo de los que viven en el universo línea de agua de tierra de ceniza de tierra: dígame: los cadáveres enterrados bajo el blanco de un cielo blanco: una línea de polvo de cráneos triturados como el ánima suspirada, espirada, respirada en el vacío azul, azul, vacío.

 

 

 

Cromosoma (2010)

 

Autopista a Cayambe al borde un sendero empedrado y praderas magentas

 

 

Algarrobos crecen. Vuelan gavilanes sobre la acequia distante. Mi caballo marcha conmigo hacia el fondo azul transfinito de esta soledad sin cosas donde los rostros cercanos sólo hablan el idioma de las pérdidas y una más y otra. Las abejas giran sobre los tréboles que, desde la gruesa montura, me son inalcanzables. 

 

 

Allí,

como una voz olvidada, alguien repite:

“queremos morir y educarnos como El Muerto,

siempre me quise educar en la escuela del Muerto

mirando las pizarras vacías”.

 

 

 

Entonces, miré mi cabeza como un plano donde estudiaría largas jornadas, largos paisajes de hueso.

 

Paisajes como:

 

Las vacas pastan como rocas menesterosas esperando que niegue mi ánima. Siempre quise negarme: agredirme en el frontón de mi mente vacía. La hierba crece y las nubes aquí no son motivo para muchas preguntas. 

 

Mundo áspero como un golpe (el fémur de mi abuelo bajo el cerro de un árbol en un cementerio vacío y una flor que robé de otra tumba). Lapis animatus, en el ojo de mi  personaje supimos: no había dios sino en estado sólido (naturaleza muerta).

 

La noche puede dividirse en dos sin nosotros. Nada costaba regresar al mundo de la lucha libre del lenguaje, a la batalla final de los runas contra el Amo (todo al interior del corazón perdido en una jaula subatómica).

 

 

Paisajes como:

 

(este reino invisible)

 

 

 

Entonces:

 

evitar la progresión

evitar que cualquier gracia ocurra en estado de gracia

hundir el corazón en la lengua de El Muerto

 

 

escuchar su latido ahora que todo paisaje es imposible

pues nada puede ser más distante

que una condena

a mirar la limpieza del agua que cae del tejado

como el aguamiel de un mundo

donde cualquier sorpresa ocurre sólo

en el cadáver de una res

—cercano, aunque visto desde otro ángulo—

lentamente devorado por las hormigas.

 

 

 

Código de barras (2010)

 

Dollboy filmado por Giorgio de Chirico

 

I

 

No moverse de aquí: no demasiado:

hay demasiado cielo.

Un globo trepa por la atmósfera.

Alguien cierra los ojos.

Cielo es inmóvil. Cielo es palabra inmóvil sobre el ojo.

El niño mueve su brazo.

Decir tarde (yo digo tarde)

es una cosa. La tarde es una cosa, pero un lienzo,

pero un filme azul, incógnito.

Tarde es una palabra, un espacio y un pájaro.

El niño mueve su brazo:

un globo sube por la atmósfera.

El niño&niña es una palabra inmóvil

sobre la plaza del ojo

donde mi visión del mundo

es una línea levemente inclinada.

El niño abre párpados como mirlo

antes de emprender la noche.

El niño cierra párpados, abre párpados.

El niño es una palabra llena de cosas.

Globo azul -como palabra azul- asciende

por la atmósfera hueca

hacia la lente vertical del ojo.

El niño –con vestido rojo- y su mano

es inmóvil entre carruseles inmóviles,

es inmóvil entre personas inmóviles.

 

 

II

 

Hay objetos de plástico:

mundos abandonados sobre un fondo de nubes.

Un automóvil es el júbiloen el piso,

rodeado por soldados de goma.

Una lámpara dibuja un juguete que espera.

En este dormitorio de pájaros antiguos:

sin pensamiento.

Realidad sí. Realidad con llantas.

Alguien sueña un volante encendido.

Alguien piensa con su mano: velocidad

Para poner la cabeza en el suelo

y que se acelere la vida.

Movimiento es filmación feliz

si la mano mueve el juguete sobre la calle imaginaria.

Movimiento es carrito entre los muros

rasgando el teorema que señala:

aquí está la muerte,

aquí está el largo esquema de la muerte.

Automóvil pausado

y la noche con grullas de papel

que evitábamos tocar para no despertarnos

en nuestro propio sueño.

 

 

III

 

Un niño baila en la noche del mundo

(¿para qué baila?) En la montaña,

el niño obtiene capulíes,

casa de dos pisos,

habitación, lápiz sobre el papel,

rasgando, frotando estrellas.

¿Cómo decirlo?

Un campo de estrellas es un dibujo

donde sepultamos, mamá,

a todos los soldados de goma muertos.

Un campo de estrellas es un cielo

donde los muertos son imposibles

(o cargan el peso de dibujar

a los pájaros ciegos).

Entonces, un campo de estrellas

es un tapiz con árboles caídos

junto a un tren inmóvil

en el que todos los pasajeros

dibujan un niño que los mira.

¿Qué niño? Estrellas de plástico

regadas en la cobija

para que el niño pueda despertar.

La estación inicia el día

sobre su propia imagen perdida.

¿Cómo decir niño

sin decir ojo de niño perdido?

Un cielo donde los pájaros son puntos

sobre el ojo. Sobre las preguntas,

la silla de mamá para mirar el mundo

y largos trenes

por donde toda visión ha de pasar,

al extinguirse,

al volverse lo que ya no tenemos,

ahora.

 

 

 

Barrido de campo (2010)

 

Axones

Canción de despedida, de llegada.

 

I

 

En el cuerpo, los nervios pesan como arterias de plomo. Con las pastillas, el cerebro se ablanda como un río benévolo. Las neuronas son libélulas negras que sobrevuelan un estuario mental. Por la mañana, el médico me dice: “tiene una enfermedad en la cabeza como un otoño inhabitable”. Yo también lo sospecho.

 

 

II

 

En mi habitación, trago astros en comprimido, pastillas que resplandecían en mi mesa. Todo para evitar el picoteo del gorrión, pájaro de la enfermedad, bajo mi nuca. Mi cerebro se equilibra un instante. Junto a la jarra de leche, los pomelos húmedos están sobre la mesa, como un cristal antes del acabóse.

 

 

III

 

Este día sueño con destruirme. Volarme con un pájaro la sien del cielo para que mi cerebro se haga espuma en el mar. Este día sueño con destruirme. Sumergir mi pecho en la hoja del baniano y desaparecer.

 

 

IV

 

Tengo un clavo en la mente: una herramienta de luz manchada o sucia. Por ella, el ruido de los automóviles es mi fonética del mundo: carros en una larga fila de carros en una larga fila de carros atascados. Mi oído se convierte en un atributo del dolor que viaja –como tren japonés- a la velocidad de la luz desde mi cuerpo, contra mi cuerpo.

 

 

V

 

No hay estación del cuerpo, pero el dolor la crea. Llueve mielina en los nervios (aguacero plateado). Tengo sacudones en mi esternón y en la piel de los brazos. Tal estación –diríase parecida al otoño- deja caer hojas de radón desde las ramas de la columna vertebral, desde la encina que el anatomista llama árbol de médulas.

 

 

VI

 

Como un fuselaje, entré a la cámara de resonancias. Escuché un zumbido electrónico para obtener fotografías de mis huesos, de la pasta cerebral. Allí la máquina descifró mi sueño de oler cedrón mientras acariciaba un pájaro. Como un diapasón, el cráneo contraído percutió sobre mis días de luna elemental, profética. Imágenes de una piedra de la locura iluminada por el espejeo del láser.

 

 

VII

 

Las placas tornasol decían: hay un quiste en tu cerebro. Trepanaciones.  Extracción de la piedra de la locura. Pienso en un tumor, como un cometa contraído en un puño.

 

 

VIII

 

Mi médico, el poeta, dice que los puentes son hermosos, que no duelen. Él habla sobre puentes materiales: un puente uniendo mis articulaciones enfermas con la orilla (ahora detenida, luego suelta) de la tina. Goma de sangre. Un verso es una línea, un hueso es un hueso. Separo lo separable. Recojo mi cuerpo, oculto tras la bata de cirugía, mientras miro las nubes, su blancura metódica, mi adiós.

 

 

 

Blues de las esferas (∞)       

 

(sin título)

 

Las oraciones del trovador ciego querrían describir el punto de contacto entre el fruto y la brisa de mayo. Como en la tradición alquímica, la manzana no es distinta al estanque donde nada un rodaballo que refleja en sus escamas la labia de la estrella, la charlatanería de los cometas. Además, observo que la manzana tampoco es diferente a la piedra (inmune a los relámpagos, a la risa de la doncella con fiebre), a la acequia mansa donde el niño la arroja en este instante. Jacob Böhme explicaba, en un éxtasis místico, que la diferencia entre la oración y la locura es un puente de abejas. Alrededor de la manzana que todavía no he visto, las hormigas comen el ámbar que fluye del corazón de una muchacha, sueñan sus labios encarnados en la pulpa de un membrillo de oro. La manzana está, cómo no, en la cesta, invisible. 

 

 

 

Viaje a la mansedumbre (2009)

 

Territorio para un cuadro de Soutine

 

                                                                                                                                                        

I

                                                                                                                          

¿Qué piensa el hombre

-sentado en el sillón-

cuyo rostro se alarga

y se diluye en el dibujo agreste

sobre un fondo tan rojo

como el color de lo real?

 

(Así medita el hombre

sobre el color tan real de lo real).

 

 

II

 

De nuestro pensamiento

lo ignoramos todo.

Del pensamiento de aquel hombre

-sentado en el sillón- sabemos

de otro mundo, quizás de una Lituania demasiado soñada,

que sólo, alejados del lienzo, es evidente.

 

 

III

 

Lituania:

Un lugar del mundo donde todo

es de nieve. Un lugar simple

para que alguien juegue.

 

 

 

Los Rastros (2006)

 

Habitación abierta

                                        A César Dávila Andrade

 

Mi palabra es mi sombra.

 

Por eso,

penetro el silencio:

borde de voz, sin raíz y sin nombre.

 

Allí, empuño la luz,

instrumento único para tocar lo ausente.

 

Palpo mi centro

-piedra negra-

y se abre como un fruto

que sangra, eco tras eco,

sobre un cauce de olvido.

 

(¿Oyes el líquido murmullo,

palabra y sombra,

que cruza esta página,

que cesa de bogar y descansa,

ya pozo, en tu centro?)

 

Afuera,

la luz vuelve a su sitio:

el cuerpo, el árbol, el silencio.

 

(Escucha.

Un haz de luz resuena dentro.

Apaga la sombra. Calla el mundo.)

 

 

 

 

 

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