Los mongolitos folladores

 Habiendo perdido su credibilidad y la regla de su juego político, lo social busca en sus desechos vivientes una especie de legitimidad transpolítica: después de la gestión de la crisis, la autogestión abierta del déficit y de la monstruosidad.

JEAN BAUDRILLARD

246489_261441867291872_437895990_n

Isabel solo se acuesta con mongolitos. No se trata de un acto de beneficencia, pues los oligofrénicos se la pasan metiéndosela entre ellos y una papaya agujereada les daría lo mismo que el coño de Isabel. Su vida sexual se trata de aullar, babosear y descargar.

Todo empezó hace un par de años, cuando Isabel se hartó de que sus amantes habláramos mientras nos la cepillábamos. Su odio hacia las palabras se volvió inmenso, pero mayor era su amor por la triple ración de verga diaria sin la cual no podía sobrevivir.

Al ver que mi esposa sufría, le sugerí que empezara a follar con chapas y milicos, seres totalmente negados para ejercer el lenguaje oral, y que en el peor de los casos le podrían facilitar el acceso hacia los hermosos canes antidrogas que fueron amaestrados para violar a las mujeres «terroristas» durante nuestro último gobierno democrático. Isabel apreció mi preocupación y me dio una mamada por ser tan buen marido…Eso sí: primero me puso un calcetín en la boca para que no comenzara a decirle que la amaba.

Al inicio la idea funcionó: policías y militares jamás articulan sonidos humanos a lo largo de toda su existencia. El problema consistía en que después de follarse a Isabel siempre nos desvalijaban la casa.

Por ese tiempo yo le vendía drogas al Presidente de Olimpiadas Especiales, y en cierta ocasión que fui a su oficina a entregarle «la merca» encontré al venerable anciano siendo sodomizado por un gimnasta mongolito.

A cambio de mi silencio, me paga el doble de lo acordado y permite que mi esposa tenga libre acceso a los favores sexuales de los retardados.

Los mongolitos folladores son buenos chicos: salvaron nuestro matrimonio y no se enojan mucho si les escupo o les caigo a patadas antes, durante o después de que se follen a Isabel. Se les quita el enfado si les preparo un emparedado de pavo, al que previamente he decorado con mocos y gargajos.

Estamos pensando seriamente en adoptar a Frickson, múltiple medallista de oro en natación, pues de todos los mongolitos que le dan verga a Isabel es el único que no necesita pañal.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s