Soundgarden: Contra la etiqueta del grunge (El Telégrafo, 04/04/2014)

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por Fernando Escobar Páez

Especial para El Telégrafo desde Lima

Desde hace algunos años es normal que el público ecuatoriano vaya de peregrinación a Bogotá, Buenos Aires, Lima o Santiago para ver en vivo a sus bandas favoritas, aquellas que no están lo suficientemente decrépitas como para llamar la atención de los empresarios ecuatorianos.  Soundgarden se dio 13 años sabáticos, pero han resistido a los excesos que consumieron a sus compañeros de generación y siguen vigentes: su último disco salió hace poco y ya están armando un nuevo trabajo de estudio.

Quienes viajamos a Lima por Soundgarden promediamos la misma edad que la banda y compartimos la certeza de que Soundgarden no es grunge, etiqueta de marketing que la banda detesta y con la que cargan cual maldición por el hecho fortuito de haberse formado en Seattle.

Mucho más cercanos a Black Sabbath que a Nirvana, la banda liderada por Chris Cornell hizo retumbar a una abarrotada tribuna norte del Estadio Nacional de Lima durante más de dos horas el pasado 28 de marzo.

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Llama la atención la madurez del público peruano -ya acostumbrado a este tipo de espectáculos- que pese a consumir cerveza en grandes cantidades durante el concierto, vive el show civilizadamente sin prescindir de la euforia que requiere el virulento rock and roll emanado por el cuarteto norteamericano, cuya filosofía es perseguir un pensamiento honesto a través de un sonido potente y liricas existencialistas.

Como teloneros actuaron los locales Emergency Blanquet, banda bilingüe de buen nivel, pero cuya elección pareció obedecer más a su look noventero con camisas de leñador a cuadros que a una afinidad musical con Soundgarden. Dieron un show uniforme que finalizó con un innecesario stage diving –lanzarse del escenario a la audiencia- de parte del cantante.

Bordeando las 22:00, y con un oscuro Searching whit my good eye closed inició el rito. El pogo se desató con Spoonman y se mantuvo con regular intensidad durante la mayor parte del concierto, salvo en las canciones de King Animal (su último disco) no muy conocidas todavía.

De esto se percató Cornell, quien pidió que en vez de comprar el álbum lo descarguen gratuitamente. Ese fue el primero de los intercambios entre el front man y su público, de los cuales también participó el bajista Ben Shepherd cuando se trataba de coquetear con las fans aplastadas contra la barrera previa a la tarima.

La novedad de la noche fue el debut en vivo del baterista Matt Chamberlain, ex Pearl Jam, sustituto durante esta gira de Matt Cameron, quien –coincidentalmente- se halla de gira con dicha banda, a los que se integró en 1997.

Cameron sigue siendo parte de Soundgarden, pero debido al cruce de fechas, el 2014 lo dedicará a girar con Eddie Vedder y los suyos. Parecía que Chamberlain siempre hubiese sido parte de la banda, la cual suena como un bulldozer modificado para la guerra.

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Al costado izquierdo del escenario, el siempre sobrio Kim Thayil arrancaba a la guitarra furibundos riffs metaleros, mientras en la otra esquina Shepherd enloquecía distorsionando al máximo su bajo Fender y dando violentas zancadas, como si quisiera romper el suelo del escenario.

En el centro de todo, Cornell demostró el porqué su voz es considerada como una de las mejores de rock: su amplio registro le permite transitar entre el fraseo melódico pop y alaridos sostenidos heavy metal sin desafinar una sola nota.

Himnos generacionales como Black Hole Sun, Blow up The Outside World, The Day I Tried To Live, o Jesus Christ Pose fueron coreados por todos los asistentes, pero fue la rapidísima Rusty Cage la que hizo temblar al estadio, desatando un mosh brutal hasta en las tribunas más alejadas, rompiendo los huesos de dinosaurio de quienes no tenemos el envidiable estado atlético de Cornell y compañía.

You wired me awake

And hit me whit a hand of broken nails

You tied my lead and pulled my chain

To watch my blood begin to boild

But I’m gonna break

I’m gonna break my…

I’m gonna break my rusty cage and run.

Tras esto la banda se despidió con la promesa de regresar varias veces a Lima, pero como era de esperarse, el público extasiado quería más y al cabo de pocos minutos regresaron con otra triada para el pogo: Like Suicide, Flower y Slaves & Bulldozers, finalizando con una larguísima distorsión de cuerdas a cargo de Thayil y Shephered, quienes llevaron los amplificadores hasta el extremo, haciendo huir con las orejas sangrantes a los noveleros y provocando alucinaciones entre los fieles, hasta que el gigantesco Ben, lanzó su bajo por los aires, dando por concluido el ‘encore’.

Esperemos que el próximo año cuando Soundgarden traiga su nuevo trabajo a nuestro continente no pase de largo a Ecuador, pero si lo hace, existe una legión dispuesta a romperse el cuerpo viajando 40 horas en un bus o a endeudarse en el avión con tal de verlos hacer estallar el mundo exterior.

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http://www.telegrafo.com.ec/cultura1/item/soundgarden-contra-la-etiqueta-del-grunge.html

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