Joy Division: el sonido de los hogares rotos (CartóNPiedra, 24/08/2014)

por Fernando Escobar Páez

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El lugar donde vivía de chico, donde tengo mis recuerdos más felices, desapareció. Todo lo que queda es una vieja planta química. Me di cuenta de que nunca iba a poder volver atrás, recuperar esa felicidad. Entonces está este vacío. Para mi Joy Division era acerca de la muerte de mi comunidad y de mi infancia. Era completamente irrecuperable.

PETER HOOK

Aunque el cantante de Joy Division, el suicida Ian Curtis (1956 – 1980), ha sido etiquetado como “poeta maldito del rock”, más adecuado sería afirmar que fue el mayor estudioso de la sordidez que alguna vez ha convulsionado sobre el escenario. Toda su energía vital fue consumida por lóbregas reflexiones sobre la capacidad humana de cometer actos monstruosos y por un inasible sentimiento de culpa sobre las pequeñas canalladas que él mismo protagonizó, lo llevo camino a la soga que destrozaría su potente tráquea de barítono e iniciaría El Culto Sin Nombre[1].

Al igual que muchas otras bandas de su generación, Joy Division se formó tras un concierto de los Sex Pistols, pero no es en el punk donde se asientan las raíces sonoras y estéticas de la banda, sino en la decadencia de Manchester, ciudad que durante los años 70’s atravesó un proceso de pauperización económica y cultural, convirtiendo a la que fuera cuna del capitalismo en su primera fractura significativa. Los sonidos áridos y fríos de Joy Division, sus grandes espacios vacios –rasgo distintivo del post punk- nos remiten a las fábricas y vecindarios abandonados por la crisis, a un territorio de arquitectura deshumanizada y hostil donde el silencio consume a los individuos.

Los miembros fundadores de la banda fueron Bernard Sumner, Peter Hook y Terry Mason[2], quienes con instrumentos baratos y bajo el nombre de “Stiff Kittens” reclutaron a Ian Curtis como vocalista y letrista. Todos pertenecían a la clase media baja y tenían trabajos burocráticos que despreciaban. Al poco tiempo Mason pasó a ser manager del grupo, y tras algunos ensayos fallidos se decantó por Stephen Morris como nuevo baterista. Cambiaron de nombre a “Warsaw”[3] como tributo al disco “Berlin” de su héroe glam, David Bowie, y debido a la fascinación morbosa que la Segunda Guerra Mundial ejercía sobre la banda, particularmente sobre Ian Curtis, quien devoraba libros de dicho periodo histórico, pero todavía estaban lejos de encontrar un estilo propio y se inclinaban por un hard rock con claros ecos de Black Sabbath. El único sello distintivo que poseían en ese entonces, eran las oscuras letras de Curtis, verdaderas micronovelas existencialistas donde la lucha entre bien y mal se desarrollaba en tres minutos de distorsión sonora y gritos desgarradores. De esta etapa destacan los furiosos singles “Digital”, “No love lost” y “Warsaw”, así como la enfermiza “Leaders of mens” con su marcha militar cuasi punk.

Empezaron 1978 cambiando de nombre a Joy Division[4], el término usado por los soldados alemanes para referirse a las mujeres judías que eran convertidas en sus esclavas sexuales en Auschwitz. Las referencias al nazismo no paraban ahí: en la portada de su primer EP, “An Ideal for Living” usaron como portada la imagen de un joven tamborillero de las Juventudes Hitlerianas y en el interior a un niño polaco siendo apuntado con un arma por un soldado del Tercer Reich. En los conciertos Ian Curtis gritaba “¡Todos ustedes se olvidaron de Rudolf Hess!” al público, pero no se trataba de una apología al nacionalsocialismo, sino un llamado a no olvidar que los seres humanos con uniforme son más permeables al carisma de líderes malignos. La cita de la contratapa “Esto no es un EP conceptual, esto es un enigma” tiene relación con cierto esoterismo que empezó a infiltrarse en la banda, la cual se negaba a conceder entrevistas  o a tener un líder visible, aunque el profético baile epiléptico de Curtis durante los conciertos captaba todas las miradas. El influyente DJ John Pell de la BBC acuñó el término “rock gótico” para definir el estilo fúnebre no exento de nihilismo de Curtis y compañía.

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Nosotros sabíamos que no éramos nazis, pero así y todo no parábamos de recibir cartas que nos acusaban de estar dándole asilo en el ático a Eichmann.

BERNARD SUMNER

Pero un discurso desafiante y letras poéticas no bastaban para destacar en la Gran Bretaña del periodo post punk. Manchester, Leeds, Sheffield tenían escenas musicales propias en franca disputa por lograr la primacía, algo que no sucedía en Londres, pese a ser sede de la industria discográfica inglesa. Lo que convirtió a Joy Division en la banda singular que hoy conocemos, fue la visión de la disquera independiente Factory Records de Tony Wilson, quien insistió en que la producción del álbum “Unknown Pleasures” (1979) estuviera a cargo de Martin Hannett, un osco consumidor de haschisch con el don de la sinestesia. Literalmente Hannett “veía la música” y disfrutaba de crear espacios vacios apenas perceptibles. Al ralentizar la velocidad de la banda, usar el eco, pistas subliminales y técnicas de “control atmosférico” y tortura psicológica hacia los músicos, Hannett se convirtió en el arquitecto del sonido devastado de Joy Division. Ya no eran una banda del montón: eran la oscuridad y el frio encarnados. Quien más sufrió durante el proceso de grabación fue Stephen Morris, obligado a tocar por separado cada uno de los componentes de su batería, reduciéndolo a un caja de ritmos humana, pero produciendo el efecto metálico de pureza alienada que caracterizaría a la banda.

Otra decisión de Tony Wilson que ha perdurado en el tiempo, es el usar como director artístico a Peter Saville, quien a partir de un diagrama del análisis de Fourier de los espasmos lumínicos que emite el púlsar CP 1919[5], diseñó una de las portadas más icónicas de la historia del rock. Al igual que dentro de poco sucedería con la vida de Ian Curtis, los pulsares son el cadáver de una estrella que colapsa sobre sí misma para desprender ráfagas de energía que perduran más allá de la existencia del ente emisor.

Lleno de canciones memorables, “Unknown Pleasures” no tenía la violencia de las presentaciones en vivo de Joy Division, lo cual inicialmente decepcionó a la banda. Pero el tiempo ha dado la razón al tiránico Hannett y sus métodos invernales[6], convirtiendo a esta placa discográfica en el referente del post punk. Destacan “She lost control”, otra profecía que se colaba en la vida de Curtis, cuando durante su trabajo administrativo en el seguro social británico conoció a una chica con epilepsia, la cual fallecería al poco tiempo y es el personaje del tema. Esta historia traumatizaría al cantante, quien desde los inicios de la banda imitaba los espasmos epilépticos cuando bailaba, sin saber que al poco tiempo él mismo incubaría dicha enfermedad. Para el crítico musical Simon Reynolds, “las tabletas de barbitúricos que Curtis estaba tomando para controlar su epilepsia eran como pequeñas dosis de muerte que lo iban congelando de dentro hacia afuera”.  En “El almuerzo desnudo”, William S. Burroughs describe un territorio siniestro donde los humanos cegados por el éxtasis combaten con bastones en busca de una respuesta ante tanta devastación. A este lugar se lo conoce como “Interzone” y basado en su lectura, Curtis escribió una canción con el mismo nombre y angustia. El 16 de octubre de 1979 en Bruselas, el escritor y el cantante coincidieron en un festival artístico e intercambiaron unas pocas palabras. Nadie sabe de qué hablaron exactamente, pero según Michel Duval, organizador del festival, pronunciaron la palabra “Suicide” varias veces.

Down the dark streets, the houses loked the same,

getting darker now, faces look the same,

and I walked round and round.

no stomach, torn apart,

nail me to a train.

IAN CURTIS, “Interzone”

“Shadowplay” también habla de un espacio vacío al margen de la ciudad, La carretera no es el lugar romántico donde la épica sólo está al alcance de asesinos que bailan. El verso “To the centre of the city in the night, waiting for you”, es un guiño a una de las bandas favoritas de Curtis, The Doors, con su “L.A. Woman”, pero transmutada en oscuridad. “I remember nothing” trata de su primera crisis matrimonial con Deborah Curtis, con quien contrajo matrimonio a temprana edad. La estabilidad de la pareja se ve alterada por la presencia de Annik Honore, una gruppie que se convirtió en amante de Curtis. La culpa toma forma violenta y Curtis sufre al descubrir que se está convirtiendo en un extraño para su esposa.

Tras este monumental disco, la banda cometió una “infidelidad” con su disquera al publicar el single “Atmosphere” con el pequeño sello francés Sordide Sentimental. De todas las canciones de Joy Division, esta es la de mayor trasfondo místico y donde los sintetizadores de Sumner alcanzan mayor preponderancia.

Antes de finalizar 1979, se encierran nuevamente en el estudio con Hannett para grabar “Closer” (1980), el que sería su disco póstumo. El sonido es más lento y opresivo que en sus anteriores trabajos, los miembros de la banda se convierten en luthiers y crean bizarros instrumentos que le darían a la grabación un ambiente etéreo. En esta ocasión, Peter Saville escogió para la portada una foto de Bernard Pierre Wolff, donde se aprecia un velorio de la familia genovesa Appieni. Los cadáveres amortajados siendo velados por un doliente cuyas formas monstruosas se adivinan en la oscuridad. La foto fue montada sobre un fondo crema y dado lo que sucedería en pocos meses con Curtis, generó cierta polémica. Pese a que Curtis ya había intentado suicidarse con una sobredosis de pastillas y a que su salud se deterioraba a pasos acelerados, nadie parecía preocupado. El vocalista estaba adentrándose en un territorio del que sólo saldría en una urna funeraria, pero fingía estabilidad para no decepcionar a sus compañeros. Todas las letras las escribió en un estado psicótico, sin editar o reescribir. El inminente fracaso de su matrimonio, el sentimiento de culpa y la depresión crónica son el hilo conductor de este álbum.

Para este disco, Curtis amplio sus referencias literarias, lo cual se deja traslucir en las líricas que compuso entonces. Los títulos mantienen nombres contundentes y rudos, como “Atrocity Exhibition” con sus sonidos metálicos y parafilias enfermizas es “Crash” de J.G. Ballard. “En “The Eternal”, Curtis ve su propio cortejo fúnebre, tal como sucede en un pasaje de “El Proceso” de Kafka. “Isolation” es la confesión de Curtis: I’m ashamed of the things I’ve been put through / I’m ashamed  of the person I am[7]. Una plegaria hard rock a Dios para que salve su matrimonio o que lo envíe al exilio, es entonada en “Colony”, mientras que “Decades” habla de su cansancio y pocas ganas de seguir luchando, siendo uno de los múltiples avisos que dio sobre lo que estaba a punto de suceder.

Curtis era uno de esos canales para la expresión del espíritu de los tiempos, el único que yo me crucé en esa época. Un pararrayos.

MARTIN HANNETT

El 18 de marzo de 1980, unos pocos días antes de emprender su primera gira promocional por los Estados Unidos, intentó persuadir a su esposa Deborah de abandonar la demanda de divorcio que le había instaurado. Pese a que su medicación lo prohibía tajantemente, Curtis bebió y se quedó viendo el film “Stroszek” de Werner Herzog, que versa sobre un artista fracasado y escuchó el extrañísimo disco “The Idiot” de Iggy Pop, tras lo cual se ahorcó en su cocina. Tenía 23 años y su suicidio no podía sorprender a nadie. Era el desenlace lógico para un hombre que había escrito que despreciaba “la horrible luz del día”[8].

El single “Love will tears us apart” fue el primer y único tema de Joy Division en ingresar a los charts musicales. Originalmente formaba un EP con “These days”, pero dado su éxito, ha sido incluido dentro de las reediciones de “Closer”. Su letra desgarradora habla sobre un hogar roto, donde la confianza y el sexo han cedido su lugar al rencor y las lágrimas. Los miembros restantes de Joy Division decidieron disolver la banda y empezar desde cero como “New Order”, una banda que oscila entre el synthpop, el new wave y la música electrónica. Sus líricas tienen un aire hedonista y tratan de un tipo de amor convencional, muy distinto a la oscuridad de poética del atormentado Curtis. Sin embargo, su figura sigió influyendo en los primeros trabajos de esta nueva banda. Poco antes de morir, se emocionó con los alemanes Kraftwerk y manifestó su deseo de hacer música electrónica más adelante, algo que sus ex compañeros cristalizaron. Su sombra también aparece en el video “Perfect Kiss”, donde los New Order lo colocan bailando, como homenaje y despedida.

Lamentablemente, tras la marcha de Peter Hook de New Order, el legado se ha visto empañado por acusaciones mutuas entre el bajista y los otros miembros de la banda de prostituir el nombre de Joy Division con fines comerciales. Como dato grotesco, hasta la mesa de la cocina donde Ian Curtis se suicidó fue subastada el año pasado, dejando en claro que los souvenirs del rock se venden mejor cuando están manchados con sangre.

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Link del artículo original: http://www.telegrafo.com.ec/cultura/carton-piedra/item/joy-division-el-sonido-de-los-hogares-rotos.html

 

[1] Así se autodenominan los seguidores de Joy Division, cuyo “uniforme” es un abrigo gris largo con la palabra “HATE” –odio- escrita con pintura naranja en la espalda, tal como lo usaba Ian Curtis.

[2] Guitarrista, bajista y baterista, respectivamente.

[3] Nombre inglés de Varsovia, capital de Polonia.

[4] La “División del placer” es mencionada por primera vez en la novela testimonial “House of Dolls” de 1965, firmada por el sobreviviente a los campos de exterminio nazis Ka-Tzernik 135633.

[5] Bernard Sumner encontró dicho diagrama en la Cambridge Encyclopaedia of Science. Saville lo puso sobre un fondo negro, creando un efecto de movimiento anómalo.

[6] Quitaba la calefacción del estudio con el fin de hacer enojar a los músicos y que estos se fueran rápido, para trabajar a solas, sin tener que escuchar las sugerencias de los artistas.

[7] Estoy avergonzado de las cosas por las que he tenido que pasar / Estoy avergonzado de la persona que soy.

[8] Verso de “In a lonely place”.

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