Entrevista a Manuel Borrás: “La cultura no es una cuestión de egotistas” (La Barra Espaciadora, 15/10/2014)

por Fernando Escobar Páez / @efrapaez

Manuel Borrás en su visita a Quito.

Manuel Borrás en su visita a Quito.

 

Pre-Textos fue la primera editorial en romper el duopolio Madrid–Barcelona, ciudades que concentran a las mayores casas editoriales en lengua española. Tuvo un origen traumático –el suicidio de un amigo- que devino en tributo a un ideal: dar apertura a los autores de la diáspora republicana, los cuales eran ignorados por las grandes editoras, temerosas de meterse en líos con la temida brigada política social del franquismo. Conversamos con su editor, el mítico Manuel Bórras, quien se encuentra en Quito para dictar un ciclo de charlas organizado por el Centro Cultural Metropolitano y la Red Metropolitana de Bibliotecas. En este diálogo, Manuel comparte su visión del negocio editorial, pero sobre todo, su amor por la literatura.

¿Cómo lidió una editorial hecha por casi adolescentes, desde la periferia y sin recursos, con la censura de una dictadura reaccionaria como la de Franco?

Con mucha deportividad, juventud, porque éramos muy jóvenes, y creo que eso también ayuda a la hora de echarse al coleto, muchos sinsabores, te diría que también teníamos algo buenísimo que es la desfachatez, la frescura. Lo que ha venido vertebrando la editorial desde esos momentos primigenios, ha sido la gran fe que hemos tenido en el proyecto cultural que desde el principio tratamos de edificar con Pre-Textos. El impulso juvenil, el convencimiento de que estamos haciendo una labor que era necesaria, han sido fundamentales para la supervivencia durante cuarenta años de actividad editorial, así como la persistencia de las tres personas que iniciamos este proyecto. El trípode sobre el que se sostiene el proyecto editorial de Pre-Textos ha permanecido inalterable, unidísimo y con el mismo entusiasmo desde los momentos iniciales. Si hay algo que nos define, es la pasión por la edición.

¿Cómo funciona la triada tras cuarenta años de conocer el éxito juntos?

Yo soy el editor literario, Manuel Ramírez se encarga de la distribución, Silvia Pratdesaba lleva la parte financiera. Mucha gente nos pregunta si esos papeles fueron asignados previamente, pues no: nosotros empezamos haciendo absolutamente todo los tres. Yo desde cargar cajas de libros –tengo una bursitis por eso- hasta hacer letras de cambio y corregir galeradas. Con el paso del tiempo cada uno se fue decantando hacia el lugar natural donde se sentía más cómodo.

Pre-Textos es una de las pocas editoriales que mantiene un fondo de libros, no descontinúan sus ediciones. Este sello característico va contra la tendencia del mundo editorial, el cual apunta a la inmediatez y a lo desechable. Remar contra corriente y asumir pérdidas económicas por el gusto de publicar a autores a los que en un inicio solo ustedes les tienen fe…

Nosotros somos muy beligerantes con la obsolescencia de este mundo. Si uno ha apostado por un libro en un momento determinado, piensa que ese libro tiene que superar o sobrevivir a ese momento. Tenemos la evidencia constante y nos da especial satisfacción, que libros que publicamos en los años setentas y que se habían vendido poco en los ochentas y noventas, hoy en el siglo XXI se están agotando. Esto quiere decir que el joven que apostó por determinadas cosas en los años setentas, sigue siendo válido hoy, Pre-Textos nunca ha sido una editorial que haya apostado por las modas. Si las modas tienen una virtud, es que pasan pronto. Entonces, hay que jugársela por lo perdurable, cosas que incluso nos trasciendan a nosotros. La literatura, como la bondad, como la solidaridad, nos va a sobrevivir.

Dentro de tu perfil como editor se destacan el respeto al lector y al autor, la mayoría de los escritores con los que trabajas terminan volviéndose tus amigos e incluso guardan fidelidad a Pre-Textos en el momento de publicar. Al mismo tiempo, tienes fama de ser un editor riguroso que no claudica en sus principios y que señala los errores que encuentra en cada libro. ¿Amistad y rigor nunca entraron en conflicto?

He tenido contratiempos, ahora 40 años después de iniciar mi actividad editorial, te podría decir que han sido más las satisfacciones, muchísimas más que los contratiempos, los cuales fueron muy puntuales y anecdóticos. La gente se sorprende de que yo tenga muy buena relación con personajes tan dispares. Existen muchas tribus estéticas y por regla general el mundo de la literatura es muy pequeño, muy provinciano también, suelen estar a la greña unos contra otros, y yo me llevo bien con tirios y troyanos. También muchos me preguntan cómo es posible que haya aguantado los egos infinitos de los escritores, y yo siempre contesto lo mismo: como aguanto los egos superlativos de los arquitectos, de los médicos, de un fontanero, porque también los tienen. Lo que sí es cierto, es que trabajamos con un material muy frágil, el autor cuando te entrega el contenido de un libro está haciendo dación de parte importante de su intimidad a un editor al que quizá ni conoce. Y ese editor se va a erigir en juez del autor y ahí, quieras que no, se establece cierta violencia. Quieras que no, hay una relación de violencia, por regla general; el escritor ve al editor como una figura de poder, y efectivamente, lo es. Yo trato de lenificar muchísimo esa relación, que las cosas fluyan de una manera natural, armoniosa. A veces eso es imposible, precisamente por ese pacto de amistad que tengo con la literatura. Yo la amistad la entiendo como la lealtad, y yo a un amigo nunca le puedo ser desleal diciéndole “este libro tuyo me parece una maravilla”, por el simple hecho de ser un amigo, yo tengo que ser tremendamente sincero. Y no creas que no es duro decirle a veces a una persona que quieres que ese libro no te gusta. Tengo muchos amigos a los que quiero mucho pero a los que no publicaría en mi editorial. En cambio, hay gente que no me ha gustado nada moralmente, pero me han gustado sus libros y los he editado.

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La tendencia global es que las editoriales pequeñas y medianas sean absorbidas por grandes monopolios libreros. ¿Consideras que esto ha difuminado el límite entre el editor literario y el editor industrial?

Afortunadamente, creo que no. Lo digo a partir de la experiencia en mi país, al menos, y creo que se aplica también aquí, donde tienen editoriales como Ruido Blanco y Fondo Animal, es decir, están proliferando jóvenes editores, nuevas editoriales con una vocación distinta pero similar a la nuestra. En cierto modo me siento como el hermano mayor de todos ellos, porque son editores que tienen un perfil más bien literario, que están apostando por la literatura y valores bastante estables e intemporales. Yo creo que esa divisoria se va a agudizar más, espero que esos editores sobrevivan a esta constante concentración empresarial que hay. Yo siempre digo que hago esa distinción entre industriales y literarios aún a riesgo de ser un poco maniqueo, porque también es verdad que hay editores industriales que han tenido buenos editores y lectores. Por desgracia, a nivel internacional están desapareciendo la figura de El Editor y la de El Lector, en términos anglosajones, que en parte es el eslabón anterior al editor. Te voy a poner un ejemplo: yo publiqué hace unos años a un autor centroamericano con poco éxito de ventas. Aposté por él durante varios libros, pues creíamos que se trataba de un autor que encajaba perfectamente dentro de los parámetros que manejan algunos de nuestros colegas europeos, y mandamos los libros de este autor para someterlos a un juicio con los lectores de otras editoriales. Todos nos dijeron que era un autor muy interesante pero que no querían publicarlo. Un año después, uno de los libros publicados por Pre-Textos sale en una pequeña editorial norteamericana y el New York Times hace una reseña verdaderamente espectacular del libro. Entonces, esos mismos editores europeos que habían rechazado el libro, timbraron la puerta de Pre-Textos para pedírnoslo. Esto nos lleva a pensar que no tienen lectores o que no tienen editores, porque si no, es inentendible que por una simple crítica –que a veces puede ser una crítica espuria-  se establezca esa cadena de transmisión y ese efecto sancionador. Esto me hace concluir que en muchas de las editoriales que yo tenía como modelos a seguir en Europa, hoy no leen con el fundamento crítico con el que hay que leer. Cuando algún colega me manda un libro, yo me lo leo. Y si no me lo leo yo, lo lee alguno de mis lectores, y si nos convence, lo contratamos. Pero si no se publica, se manda un informe detallado de por qué no lo deseamos en nuestro catálogo. Nosotros ponemos nuestro Yo en crisis cuando decimos que no, mientras los demás preservan su Yo. La cultura no es cosa de egotistas, la cultura requiere de una gran generosidad, y si no sabes ser generoso en eso mejor dedícate “a pagar ramos”. Cuando yo recibo un libro, me siento obligado a decir cuál ha sido mi experiencia del libro, buena o mala, pero yo debo corresponder al autor por ese pacto de amistad que establecí con la cultura escrita. Y además, si los editores no apuestan por valores no consensuados previamente, ¿para qué servimos? Está muy bien publicar a Shakespeare, está muy bien publicar a Balzac, a Carrera Andrade, pero esos son valores ya consensuados por la propia historia de la literatura. Si nosotros no sabemos apostar por jóvenes valores, el editor no sirve. Aquí es donde espero entren los jóvenes editores, esos editores incipientes, quienes todavía no pueden apostar porque carecen de los medios suficientes, porque apostar por un joven autor conlleva una apuesta económica que hay que saberla mantener. Yo he tenido montón de autores que no han vendido ni lo mínimo para amortizar el costo, pero los hemos publicado, uno y otro y otro libro, hasta que al final esos autores no solo han amortizado, sino que con ellos hemos ganado plata y nos han permitido publicar a otros talentos emergentes. Te voy a poner otro ejemplo: el filósofo italiano Giorgio Agamben, yo no me explicaba cómo no se publicaba en español y publiqué su primer libro, del cual no vendí ni 182 ejemplares en un año en todo el ámbito de nuestra lengua, porque, ojo ¡nosotros distribuimos desde América del Norte hasta la Patagonia y en Europa! El primer libro fue Estancias, después publicamos El lenguaje y la muerte, del cual no llegamos ni a los 200 ejemplares. Hoy, nos lo quieren quitar de las manos esos que se llaman grandes editores o editores industriales, porque es uno de esos autores que hemos conseguido que hoy sea uno de los pensadores más leídos en el ámbito hispánico, no porque publicar con nosotros lo haya hecho mejor, sino por la potencia de su pensamiento.

Supongo que más de una vez, una gran empresa monopólica tipo Random o Planeta, habrá intentado comprar a Pre-Textos, que ahora es muy rentable…

Hemos tenido algún intento de compra, uno serio, otro simplemente sugerido. Hay una anécdota curiosa, se recibió una oferta millonaria muy interesante y yo no podía unilateralmente rechazarla, y consensué con Silvia y Manuel. Los tres decidimos de manera unánime decir que no por una cuestión bien simple: nuestra vida es la editorial. En esta labor gustosamente hemos dejado cuarenta años de nuestra vida y aparte es para nosotros una prolongación de nuestra propia existencia, entonces era como venderle el alma al diablo. Luego, este señor, el propietario de la gran editorial que iba a comprarnos, fue a Madrid con la intención de verme. Yo asumí que iba a querer pujar nuevamente por la editorial, y claro, era un hombre tan importante que me parecía extraño que quisiera verme. Me invitó a un estupendo restaurant madrileño para decirme que simplemente quería pasar un rato con aquella persona que se había negado a aceptar la oferta que había hecho, algo que nunca antes le había sucedido. Entonces me preguntó por qué no había accedido a su propuesta, yo le expliqué y acabamos de amigos…

Una de tus máximas es publicar libros que a ti te han hecho mejor persona, aquellos que te han ayudado a crecer como ser humano y que crees que merecen ser compartidos, ¿ese sería el primer parámetro para que decidas las obras a publicar en Pre-Textos?

Me suscribo a mis propias palabras, como señalé anteriormente, la cultura no es una cuestión de egotistas. Cuando leo algo que ha sido útil en mi vida, que me ha alimentado, no pienso que sea exclusivamente útil a Manuel Borrás, entonces yo lo que trato es de poner a disposición de los otros para que decidan libremente por si acaso ese libro también les es tan útil como me lo fue a mí.

Manuel Borras & Fernando Escobar Páez

Manuel Borras & Fernando Escobar Páez

Tú eres reconocido como el editor que más lee en toda Europa. ¿Todavía mantienes ese ritmo de leer más de 150 manuscritos al mes?

Ahora un poco menos. Incluso tuvimos que poner un aviso en nuestra web pidiendo que por favor ya no manden más manuscritos, porque necesitamos tiempo para cuantificar lo que recibimos. Sin embargo, te puedo garantizar que nosotros leemos todo. Cierto es que hay cosas que se te caen de las manos a primera vista y esos libros por supuesto se descartan. Debo decir que en el catálogo de Pre-Textos hay casi un 50% de autores cuyo original nos llegó exento de recomendación previa a la editorial, o bien de una edición en una lengua ajena. Si yo te hago la pregunta del millón que hacen los escritores: “si yo le mando a un editor un manuscrito, ¿me lo leerá?”. Yo no sé el resto, pero desde luego hay editores que sí leemos.

En esta tu segunda visita a Quito, que como todos tus viajes es un viaje literario más que físico, vas a participar en un ciclo de conferencias, pero al margen de ello, ¿te interesa buscar autores y editores ecuatorianos con los cuales trabajar en el futuro?      

Una de las cosas que yo he echado en falta en mi catálogo es un autor ecuatoriano. Tengo autores colombianos, mexicanos, venezolanos, argentinos, guatemaltecos, etc. Y además, porque yo sabía que este país tiene una tradición literaria nada desdeñable. Si soy honrado, tengo una visión parcial y limitada de la actual literatura ecuatoriana, pero no vengo con el proyecto ese de neocolonialista cultural de vender algo. Cuando viajo me gusta utilizar la metáfora nietzscheana de la esponja, tratar de absorber lo mejor para vehicularlo a través de mi trabajo. Entonces yo he venido con esa intención, también a hablar y cambiar impresiones con mis colegas. Para mí es precioso que pongáis en mis manos libros originales que pueda leer para poder valorar. Sobre las conferencias, yo lo que espero es primero que la gente que vaya me perdone todos los errores que pueda cometer a lo largo de la charla y que vengan con interés para poder establecer un diálogo ideal, el cual es muy fácil cuando los interlocutores son gente culta, interesada y sensible. No creo que les descubra nada “del otro jueves”, pero trataremos de por lo menos contemporizar.

 

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