Pesadilla y poetas en la novelística de Adolfo Macías (CartóNPiedra, 02/11/2014)

por Fernando Escobar Páez

 

Preparando ceviche con Adolfo y Huilo Ruales

Preparando ceviche con Adolfo y Huilo Ruales.

Antes de la sombra final, estabas tú, carne de perro. Te vi antes de que nacieras y supe lo que eras: un niño asustado en un cobertizo, aferrado a las piernas de un adulto que lo aterroriza y lo obliga a hacer cosas lamentables hasta convertirlo en un despojo.

LA VIDA OCULTA.

La pesadilla es un mecanismo de supervivencia que evita el colapso de nuestra civilización. El terror nocturno que no se desfoga a través de una narrativa –entendida en el sentido amplio, no estrictamente literario- engendra psicóticos incapaces de sentir empatía y avisos publicitarios que someten a la gente. Esto lo conoce de primera mano el escritor guayaquileño Adolfo Macías Huerta (1960), pues  su experiencia como publicista durante 15 años estuvo estrechamente relacionada con su lenta y casi definitiva degradación vía excesos de oficinista, donde aprendió que la autodestrucción no es siempre patrimonio del lumpen.

Su infancia en Guayaquil estuvo marcada por el silencio y la sensación de no pertenencia respecto a su familia porteña, enfocada en alcanzar los estándares de éxito burgués e incapaz de entender que un niño pierda su tiempo en ficciones. Entonces aparece Quito como vía de escape, tanto para Adolfo como para su madre, la pintora mexicana Guadalupe Huerta.  El introvertido aprendiz de escritor no sospechaba que venía a una ciudad triste y secreta en su turbiedad, llena de veredas y tugurios donde conversaría con personas que buscaban la muerte.

La obra novelística[1] de Macías Huerta está atravesada por la conciencia de la pesadilla redentora y por una figura arquetípica: el poeta joven, siempre desafiante y enamorado de espejismos, condenado a sufrir como animal de laboratorio conectado a electrodos y vicios inconfesables. Esto no es casual, pues el propio Adolfo empezó su trayectoria como poeta, más en cantinas que en publicaciones[2] y talleres literarios. En sórdidas mesas departía con Ernesto Rivadeneira y con el malogrado Pedro Moreno. Hoy las mesas donde se reúne con los poetas son menos sórdidas, pero nunca falta el idiota sagrado que carga una llave blanca donde brilla un abismo del porte de la nariz de los bardos. De allí nacen los poetas ficticios que sufren en “Laberinto junto al mar”, “El grito del hada” y su más reciente engendro: el desopilante Delfín Tonato, una suerte de híbrido entre Ignatius Reilly y Alex DeLarge[3] atrapado en sus traumas infantiles, mucho más escarpados que las montañas que rodean a Quito, escenario de la mayoría de sus fechorías. En lugar de buscar cerrar sus cicatrices, las alimenta para que convertidas en abscesos sean adornos en su delirante guerra contra el género femenino:

Queridas damas feminazis: basta ya de quebrantos. Lucifer sabrá compensar a Clarita Culieva por sus fechorías libidinosas, otorgándole un tercer seno y el apetecido milagro de la vagina dentada, para que baje entras las llamas del cielo, el día del Juicio Final, junto a Godzila Cosmocrator. Ahora vuestra amiga conocerá otras latitudes, coleccionará escrotos de sabores y será parte del ganado de Kali. Amo a la vaca obediente que me desprecia con sus cánticos. ¡Salve, salve, oh, Godzila San, patrón de la Zona Infrarroja!.

PRECIPICIO PORTÁTIL PARA DAMAS.

Ya sea en forma de sectas como en “Pensión Babilionia”[4], o por premio  cívico, planteamiento de la novela distópica “Laberinto junto al mar”,  el concepto de “buen morir” es la puerta por la que ingresan seres grotescos pero iluminados por una verdad terrible: solo quienes aceptan el parto de las tinieblas pueden aspirar a la divinidad.

Para “La vida oculta” y “El Dios que ríe”, Macías recurrió a diversas técnicas narrativas. El anuncio publicitario y la nota periodística son formatos tan válidos como la poesía para expresar la abyección. En “La vida oculta” se narra la vida paralela de dos adictos a una droga biológica que conduce a un estado de beatitud pre adánica. Inoculada por los misteriosos arqueópteros administrados por el Estado, los “pacientes” atraviesan todas las fases del consumo hasta convertirse en desechos sociales. Sin embargo, el odio consigue salvar a uno de los personajes, el cual motivado por su deseo de venganza frena su adicción y ordena su vida. Comprende que para cerrar el ciclo debe matar, ya no a su torturador, sino a un niño que le recuerda lo que él fue: una criatura abusada

“El Dios que ríe” trata de unas siamesas, una de las cuales debe morir para salvar a la otra. Inicialmente su madre opta por lo lógico: sacrificar a la más débil. Pero la decisión cambia a último momento. La psicología nos ha enseñado que normalmente el hermano que sobrevive suele sentirse culpable, pero en este caso se narra una usurpación de personalidad, una “posesión” y no un trauma. La sobreviviente se vuele famosa coleccionando amantes y trabajando en un show de porno comedia y esta novela es su diario.

La relación entre máscaras y la persona funciona como el crecimiento del árbol, en el cual los anillos dejan de ser la superficie visible para componer el núcleo de su futura expresión. Lo que era corteza es ahora la savia de la que se nutre su vida interior; la máscara se vuelve una musculatura secreta.

EL GRITO DEL HADA.

“El Grito del Hada”, la novela más autobiográfica de Macías, trata sobre cómo la vanidad nos lleva a utilizar a los que amamos para auto convencernos de ser mejores de lo que en realidad somos. En este proceso creamos pequeños Armagedones que al final nos pagarán con soledad.  La teratología del amor, ese terrible momento cuando la Musa se transmuta en Melusina: un ser mitológico que salva y condena al mismo tiempo, monstruo del que deberíamos huir, pero al que esperamos cada noche para que venga a retozar en nuestras ruinas. Las oscuras alas de la Melusina ofrecen la anhelada destrucción que nos salve del trabajo mediocre, de los amigos a los que no queremos ver, del pusher que jamás contesta el teléfono, de la inutilidad de tener hijos que -al igual que nosotros- van a morir.

En la actualidad Adolfo renunció a esa falsa elección de vida que era la publicidad y se dedica a ejercer la psicoterapia, profesión a la que atribuye su habilidad para crear personajes con pesadillas propias.

Una faceta poco conocida de este autor es la cineasta empírico. “Trailler 2” y “Clown down”, cortometrajes bizarros que realizó en colaboración con Tito Molina; y el censurado[5] mediometraje “Maldita sea”, realizado con apenas 5.000 dólares que dio como auspicio una marca de jabón para lavar ropa. En estas obras se observan demonios e inquietudes distintas a las de su narrativa.

 

Link del texto original: 

 

[1] En cuentos ha publicado tres libros de corte fantástico: “La invención de Midril”, “El Examinador” y “Cabeza de Turco”.

[2] A inicios de los 90’s publicó los poemarios “En la fuente de carbón el cielo” y el bifronte “El parto de las tinieblas / el parto de la luz”.

[3] Personajes de  “La naranja mecánica” de Anthony Burgess y de “La Conjura de los necios” de John Kennedy Toole, respectivamente.

[4] Novela próxima a salir y que fue galardonada como mejor novela por el Sistema Nacional de Fondos concursables del Ministerio de Cultura en el 2013.

[5] Un periodista sensacionalista de la televisión que actuó en el mediometraje se dio cuenta de que había sido “ridiculizado” –en realidad, su personaje es un fiel retrato de lo que exhibe en pantalla todas las mañanas- y movió sus contactos para que no sea transmitida, pese a que la película ya había sido comprada por el canal donde trabaja.

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