La acaramelada carnicería sónica de The Jesus and Mary Chain (CartóNPiedra, 15/02/2015)

 por Fernando Escobar Páez

 jesusmarychain_psychocandyf

The Jesus and Mary Chain postularon el ruido como algo a la vez puro y purificador, empleando la distorsión y el feedback como fuerzas primitivas capaces de purgar la opulenta decadencia del pop y su uso indiscriminado de sintetizadores[1].

SIMON REYNOLDS

Han trascurrido treinta años desde la publicación de “Psychocandy” (1985) de los escoceses The Jesus and Mary Chain[2], disco perturbador, lleno de ruido y susurros, el hijo pop del odiado “Metal Machine” de Lou Reed.” Con “Psychocandy”, J&MC reinterpretó y llevó al extremo el concepto de muro de sonido planteado por el célebre ingeniero sociópata Phil Spector  al tumbar la pared con más ruido blanco y feedback de guitarras del nunca antes visto. Con “Psychocandy” quedó demostrado que la distinción entre punk y pop es intrínsicamente artificial. Este álbum sirvió para que los J&MC sean considerados los padres del noise pop y del shoegazing, pero gracias a su habilidad para reinventarse en cada disco consiguieron evitar todas las etiquetas, salvo la del malditismo.

J&MC se asumió así misma como la más grande banda de pop desde The Beatles, su objetivo siempre fue encabezar las listas de los charts y la fama. Debido a sus disparatados egos y actitud gamberra, sus conciertos causaron más disturbios y represión policial que los de los Sex Pistols, banda con la cual fueron comparados con frecuencia. Ningún grupo ha recibido tantos botellazos y escupitajos sobre el escenario como el de Jim y William Reid, cuyas brutales peleas fraternas hacen parecer a las de los hermanos Gallagher de Oasis como niñerías mediáticas.

Si la intención es desbaratar al pop resulta necesario primero estudiarlo a fondo, eso lo sabían desde un principio los Reid, para quienes Nancy Sinatra, The Ronettes, o las Shangri-Las, tenían igual valor que Velvet Underground, Einsturzende Neubaten, David Bowie y demás. El pop británico de los 80’s se puede explicar en la dicotomía entre The Smiths y J&MC, ambas bandas norteñas de extracción obrera, arrogantes y oscuras, polémicas en su poética, pero radicalmente contrapuestas. De entre el abstemio Morrissey y los perpetuamente drogados Reid salen los únicos discos de dicha época que han perdurado. J&MC dominaba a la perfección la estructura del pop comercial, pero su romanticismo tenía una veta malsana y distorsionada, con canciones de amor donde el susurro lujurioso del perdedor es lo que trasciende.

Por desgracia nos empeñamos en escribir canciones para adultos y no para críos. Pensar que podemos traumatizar a alguien por decir “fuck” es tratar al público como críos. Me fastidia porque es trivializar a la música. ¿Qué pasa? La gente oye la palabra “fuck” cada día. Todo el mundo la usa. ¿Por qué no vamos a poder cantarla?.

WILLIAM REID

Su pop fue lijado por el punk, pero no por ello carecía de fuerza melódica y belleza acaramelada, la cual aparece envuelta en capas de carne y furia. Detestaban todas las canciones que sonaban en la radio de la BBC y concluyeron que la única forma de escuchar música decente en los 80’s era crear su propia banda. Demostraron que escándalo y calidad pueden ir de la mano cuando se tiene una propuesta clara y se evita repetir la misma fórmula disco tras disco, incluso sin necesidad de ser virtuosos en algún instrumento. El concepto de lo que querían los hermanos Reid estuvo claro desde un principio y poco les importaba quien tocaba que instrumento o quien cantaba, los roles se repartieron casi al azar, siendo el puesto de cantante el menos deseado, pues ambos juran ser patológicamente tímidos.

Para muchos, J&MC fueron los sepultureros del post punk. Si bien su sección rítmica era minimalista al estilo de dicho género, fueron los primeros en lograr samplear solo con sus guitarras, algo ambicionado pero nunca conseguido por las bandas post punk. Despreciaron a todos sus íconos y tuvieron la pedantería de afirmar en varias entrevistas que el nombre de J&MC no debería ser mencionado en la misma frase que el de Joy Division, pues consideraban poco ambiciosa y horrenda a la música de Ian Curtis y los suyos.

La trayectoria de esta banda formada por dos hermanos en 1983 en el pueblo proletario de East Kilbridge en Escocia, está marcada por la violencia. Al inicio se llamaban “The Dead of Joey” en honor al hámster muerto de la familia Reid. Aprovechaban el tiempo libre que les dejaba el desempleo para emborracharse y grabar con un rudimentario estudio portátil covers de Pink Floyd en su maloliente habitación. Tenían que esperar a que acabe la partida nocturna de bingo que las ancianas de la localidad celebraban los martes en la casa comunal para poder ensayar en un local más amplio. Hasta que termine el bingo, por lo regular Jim y William ya se habían liado a golpes y el ensayo se cancelaba. Reclutaron en el bajo y batería a Douglas Hart y a Murray Daglish, pero ellos nunca influyeron en el sonido de la banda, J&MC siempre fue un proyecto entre dos hermanos que se odiaban a muerte. Para ese entonces ya habían pasado a llamarse “The Jesus and Mary Chain”, nombre que –contrariamente a lo que cabría suponer- no tiene ninguna connotación religiosa. Lo adoptaron por simple pereza de buscar algo mejor. Sin embargo, la censura episcopal y mediática les cayó a inicios de los 90’s, cuando publicaron el salvaje single “Reverence”, cuya letra reza:

I wanna die just like Jesus Christ

I wanna die on a bed of spikes

I wanna die come see paradise

I wanna die just like Jesus Christ

Factor decisivo en la consolidación de la banda fue el ingreso del desgarbado Bobby Gillespie, cantante de Primal Scream, como baterista. Gillespie no solo aportó con su inmenso talento y carácter lúdico como contrapeso ideal para los virulentos y autodidactas hermanos Reid; Bobby también trajo contactos, profesionalismo y conocimiento de la escena musical londinense. Gracias a ello dejaron de ser un atado de pueblerinos ebrios y lograron dar el gran salto, pese a no encajar dentro del “sonido joven de Escocia” que vendía muy bien en dicha época por bandas como Orange Juice, Joseph K., The Aztec Camera y The Pastels.

En Londres se asociaron con el manager Alan McGee, quien financió su primer single, “Upside Down”, cuya mejor definición es la propuesta por la magazine rock española Hipersónica: un escupitajo sonoro kamikaze y ruidoso devenido en un clásico instantáneo.

Pero no fue este inesperado éxito el hito que marcó a los J&MC, sino su catastrófico concierto en la North Polytechnic de Londres, donde tras apenas 16 minutos de show se desató una batalla campal. Los J&MC ya eran conocidos por su impuntualidad, tocar de espaldas al público y ejecutar sets cortísimos, pero fue el ambiente político caldeado de ese año en Inglaterra[3] que favorecía la represión policial, la cual fue la verdadera causante de la batalla campal que se desarrolló durante el concierto. El manager de la banda, Alan Mc Gee, afirmó que lo sucedido fue un acto de protesta espontáneo de la gente contra el pop políticamente correcto, edulcorado e hipócrita a lo Live Aid. Esto provocó que los J&MC sean investigados y acusados de provocar al público en busca de publicidad gratis.

Si vas a venir a nuestro concierto para buscar una pelea, entonces eres un idiota.

JIM REID

Sus primeras experiencias en el estudio de grabación fueron traumáticas, empezando por el hecho de que les obligaron a trabajar sus demos con Stephen Street, el tiránico ingeniero de sonido de The Smiths. Posteriormente grabaron varias placas para el programa de John Pell en la BBC, pero la falta de apertura creativa convirtió a dicha grabación en algo artificial y opaco que la banda repudió.

Conscientes de que está sería probablemente su última oportunidad, esta vez apostaron por John Loder, ingeniero de sonido de Crass. Loder era partidario de la experimentación sonora y supo catalizar todo el talento de los Reid y compañía “Psychocandy”. La única restricción que les impuso fue que permanecieran sobrios en el estudio. Esto evitó peleas internas y favoreció la creación de melodías hermosas en su simpleza, las cuales eran reforzadas con poderosísimas distorsiones abrasivas de guitarra y ensordecedoras paredes de ruido blanco. La acaramelada carnicería sónica que rompería todos los cánones preestablecidos del pop había sido engendrada en un ambiente de paz y libertad. Resulta injusto destacar a algún single de este disco perfecto, pero dada su relevancia, “Never Understand” con su rock del fracaso, “Just like honey” & “You trip me up” se hallan a medio camino de la ternura y la depresión, la salvaje ironía de “In a Hole”, y el erotismo de “Taste of Cindy” son tracks ineludibles, himnos generacionales hechos para ser susurrados o gritados –jamás deberían ser cantados- por pocos, pero reverenciados por todos.

Bobby Gillespie abandonó la banda para dedicarse a tiempo completo a Primal Scream y eso resintió el sonido de J&MC, obligándoles a usar baterías electrónicas y sintetizadoras para suplirlo. Su siguiente disco, “Darklands” (1987) es melancólico y luminoso, otro álbum indispensable. Aquí Jim Reid ya no susurra: empieza a cantar en realidad. El sonido de J&MC se vuelve limpio y melódico, su veta punk es ralentizada. Las letras remiten los páramos pantanosos y frígidos de su siniestra Escocia post industrial, pero la lujuria se cuela con la memorable “Cherry came too”, una oscura y traviesa oda al sexo oral.

Los 80’s fueron una década aburridísima, su primera mitad llegó a ser nociva con tanto Duran Duran y Spandau Ballet… Queríamos ser diferentes, cambiar la situación, meter ruido, energía, actitud… Y creo que lo conseguimos.

WILLIAM REID (entrevista para Rock de Lux, octubre 1994)

“Darklands” es un disco maduro y redondo, no fue bien recibido en su momento por los amantes de la sagrada distorsión exhibida en “Psychocandy”, pero hoy nadie cuestiona la valentía de los J&MC al abandonar una fórmula exitosa y reinventarse. Esta sería una constante en su carrera. En “Automatic” (189) se vuelcan al rock and roll guitarrero. Para “Honey’s Dead”, su disco comercialmente más exitoso, retornan momentáneamente a la casa del ruido que fundaron en “Psychocandy”, pero de una forma más dosificada y dando espacio a elementos electrónicos. “Stoned and Dethroned” (1994), su intento de disco acústico, es su primer disco positivo y femenino, parecía que por primera vez los hermanos Reid estaban contentos consigo mismos. Para este disco contaron con la colaboración de Hope Sandoval de Mazzy Star e iba a participar también Bob Dylan, pero los J&MC le retiraron la invitación a último momento, aduciendo que Dylan quería alterar la letra de la canción y que ellos no estaban dispuestos a permitir que un tipo que canta mediocremente les dijera que deben hacer. Pero su último trabajo de estudio, “Munkie” (1998), rompió con dicha ilusión y nos muestra a Jim y William enfrentados[4], más que ser el disco de una banda, es el disco de dos talentosos solistas que no se toleran pese a compartir la misma sangre y la misma visión de la música.

Si bien –salvo durante 1985- jamás alcanzaron la aclamación mediática que creían merecer, su carrera fue estable y hoy son un grupo de culto. Al igual que sucedió con sus idolatrados Velvet Underground, casi cada chico que compró “Psychocandy” o “Darklands”, terminó armando una banda en su garage. Se convirtieron en mito fundacional de la generación grunge[5], influyeron tanto estética como sonoramente en contemporáneos suyos del calibre de Sonic Youth, Butthole Surfers y My Bloddy Valentine, así como en The Horrors, The Raveonettes, Black Rebel Motorcycle Club, The Dandy Warhols y un sinfín de bandas indispensables en la actualidad.

Este 10 de febrero J&MC acaba de anunciar a través del semanario musical New Musical Express que cuentan con maquetas de nuevo material y que están cerca de regresar a un estudio de grabación por primera vez desde 1998. Es poco probable que el resultado alcance el nivel superlativo de “Psychocandy”, pero lo seguro es que J&MC conserva la arrogancia necesaria para sorprender son su nuevo material… una pista de lo que se viene pueden ser las constantes alabanzas de Jim Reid para con The Prodigy, lo cual da para fantasear con un giro hacia el electro punk más duro y frenético…

 

Link del texto original:

jesus-and-mary-chain

[1] REYNOLDS, Simon, Postpunk: romper todo y empezar de nuevo, Caja Negra Editora, Buenos Aires, Argentina, 2013, pag 540.

[2] Nombrados por sus siglas, J&MC, de aquí en adelante.

[3] El violento fin del paro minero contra Margaret Tathcher de más de un año, protestas y actos vandálicos en Brixton y Tottenham, el catastrófico partido de futbol devenido en masacre entre el Liverpool y la Juventus, manifestaciones xenófobas contra los inmigrantes, bombas panfletarias y los últimos coletazos del IRA

[4] William escribió la canción “I love rock and roll” y Jim responde escribiendo “I hate rock and roll”, la última canción del disco y –de momento- la última grabación de estudio de la banda.

[5] Según la leyenda urbana, Kurt Cobain dedicó los días previos a su suicidio a repasar los discos más oscuros de J&MC.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s