Vivienne Westwood: oportunismo y extravagancia de “La Primera Dama del Punk” (BG MAGAZINE PUNK 077)

por Fernando Escobar Páez

¡Esto es sobre Malcom, no sobre ti! Ahora eres parte del sistema.

BERNARD RHODES a VIVIENNE WESTWOOD

 

Uno de los mitos fundacionales de la estética punk es que surgió en Londres cuando un avispado McLaren consiguió que los Sex Pistols usen las bizarras prendas que diseñaba su pareja, Vivienne Westwood, quien para la ocasión plagió el uso de alfileres con gancho del neoyorquino Richard Hell. El mérito de Westwood radica está en su agudo sentido del oportunismo y en su idea de combinar extravagantes accesorios victorianos –más propios de un club bondage que de la realeza- con lo previamente desarrollado por artistas marginales de la escena londinense.

Cabe resaltar que el punk no es una creación británica, sino peruana, con el mítico grupo de adolescentes “Los Saicos” como precursores (aunque ellos no sabían que estaban inventando un nuevo género). Resultaría difícil de probar que McLaren y su pandilla conocían de antemano a la banda sudamericana, quienes a diferencia de los Pistols, jamás prestaron importancia alguna a la mercadotecnia, así que –de forma benévola- podemos atribuir la coincidencia de sonidos y discursos a una construcción arquetípica necesaria en aquella época.

Para bien o para mal, debido a la cartografía natal de Los Saicos, por la mediocridad intelectual de The Ramones –fervientes partidarios del “american way of live”-,  ante el eclecticismo sonoro combinado con militancia política de The Clash, y por la muerte shakesperiana de Sid Vicius y Nancy Spungen; la pareja de publicistas conformada por Malcom McLaren y Vivienne Westwood, pareja de seres contradictorios cuyo único logro real consiste en haber leído adecuadamente la coyuntura para lucrar, se ha erigido como la “realeza del punk” ante los medios. El que alguna vez fuera catalogado por John Lydon[1] como “el hombre más malvado sobre la tierra”, falleció hace algunos años, pero “el macho alfa” de la pareja siempre fue la Westwood, mucho más carismática y manipuladora que su nervioso novio.

Pese a todas sus miserias, no se le puede negar cierto genio creador y afán de superación a Vivienne, cuya vida apuntaba a ser la de una oscura ama de casa hasta que conoció a Malcom, por entonces un acomplejado estudiante de bellas artes al cual desvirgó –quedando embarazada ipso facto-. La leyenda cuenta que la abuela de McLaren dio dinero a Vivienne –quien era casada y ya tenía un hijo- para que abortara, pero esta prefirió comprarse ropa y tener al niño, quien crecería para convertirse en el prestigioso diseñador Joe Corre.

En 1971 la pareja abre en el 430 de Kings Road del bohemio barrio de Chelsea la icónica tienda “Let it rock2, que luego pasaría a llamarse “Too Fast to Live, too Young to Die”, y con el fin del punk, cambiar de perfil y convertirse en la famosa “SEX”, que con sus accesorios sadomasoquistas atrajo la atención de la clase alta británica. Esta osada iniciativa –y no el punk- fue lo que le permitió a Westwood internacionalizar sus productos y convertirse en un referente de la alta costura.

Siempre provocadora pero pocas veces coherente con su discurso, ha militado por las más variopintas causas. Si en los 70’s diseñó la imagen para el himno antisistema “God sabe the Queen”, hoy afirma que los repugnantes sombreritos rosa de Isabel II son cool y recientemente fue declarada “Lady” por la corona británica, aunque -para no quedar mal con sus incondicionales- luego afirmó que asistió al castillo de Windsor sin bragas, como si ese irrisorio gesto de exhibicionismo senil bastara para anular el servilismo expresado durante la ceremonia. No tiene problemas en donar millones de libras esterlinas a ONG’s ecologistas, pero simultáneamente para abaratar costos sus prendas son manufacturadas en Bangladesh por semi esclavos. Cuando estalló el escándalo de Wikileaks, vio otra oportunidad de negocios y enseguida puso a la venta una serie de camisetas con la imagen de hacker Julian Assange, pero a los pocos días declaró que ella vota por la ultraderecha laborista británica en apoyo a sus teorías anti inmigración. Esta postura tan alejada del punk no sorprende, pues hace décadas que el punk es otro producto ligth para niñatos que con una cresta perfecta cantan sobre sus decepciones amorosas en un mall, mientras que la carga política se ha desplazado hacia otros géneros como el hard core y el rap.

“La Primera Dama del Punk” no es un digno representante de la ideología punk original, pero es lo que las pasarelas y los medios de farándula nos han chantado como punk. Tras sus inocentes y frívolas transgresiones se esconde una visión egocéntrica, que incluso le motivó a querer robar la atención del público durante el funeral de su pareja. Este hecho ruin terminó por convencer a los pocos punks que todavía le rendían pleitesía de que Vivienne no es más que una “costurera con mucho olfato”, tal como la definió Bernard Rhodes[2], quien al escuchar cómo Westwood arruinó el funeral con un discurso pseudo ecologista, se levantó de su asiento y la mandó a callar.

 

[1] Cantante de los Sex Pistols.

[2] Ex manager de The Clash.

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