“Si no sangra, no sirve. La incómoda y sucia poesía de Fernando Escobar Páez”, por TERRAPLÉN de MÉXICO

EntrevistaPALABRAPoesía

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La enfermedad venérea que incubas en este momento es sólo el primer Panzerkampfwagen con el que te obligó a vivir mi semen.

“Mein Kampf”, Fernando Escobar Páez

 

A Fernando Escobar Páez lo conocí porque Ángel Ortuño publicó unos versos suyos en Facebook. Después, por su blog El hombre aproximativo y por las patanadas (estas son sus palabras) que tiende a publicar en su muro. Leer su literatura siempre causó un efecto muy específico en mí, un leve cosquilleo nasal, el recuerdo del aroma fino de cuando se te antoja una línea gorda, blanca, llena de coca. Para mí, leer a Fernando es eso, regresar a las vísceras y a la línea de coca y dejarme ir por el derrotero más torcido. Hoy me toca hacerle unas preguntas; “espero disfruten la sensación de baba y suciedad” como bien dicta el ángel exterminador.

 

Las palabras vaginavergaculo, mierda, semen, meados abundan en tu obra en vez de sustantivos más sobrios y universales como sexo eyecciones, ¿por qué no utilizas eufemismos?

 Nunca he sido partidario de los eufemismos, supongo que en parte se debe a mi condición psquiátrica, pues al tener Transtorno de Personalidad Borderline y cierto grado de Síndrome de Tourette (siendo una de sus características la incontinencia verbal) tiendo hacia la patanada y a ciertas conductas extravagantes y/o antisociales. Por otro lado, cuando era escritor, sentía la necesidad de escribir de forma virulenta, en explorar el lado más grotesco de la vida, resaltando las partes sucias e incómodas.

Parece ser que te regodeas en la pornografía, las drogas y los excesos. ¿No existe para ti el idilio, lo bello, la esfera del arte ideal?

 Lo bello no tiene que ser necesariamente limpio ni políticamente correcto. Nunca he sido proclive a idealismos ni a idilios, aunque tal vez los lectores pueden creer que en mis textos hago apología de todos los vicios posibles, mi intención no está en glorificarlos, sino en mostrarlos como lo que son: parte de la experiencia humana. Creo que hay mucha belleza en perder la conciencia embriagándose como si no hubiera mañana, pero hay más belleza en dormir hasta tarde rodeado por gatos gordos y peludos. En lo personal, mi vida ha cambiado mucho desde la época excesiva y esquizofrénica en la que escribí los textos que leíste, la cual duró entre 2002 hasta 2012. Durante esos años pasé en un estado de perpetua parranda depresiva, bebiendo como loco porque era lo único que se me ocurría para poder mitigar las voces de mi cabeza. Hoy no creo que pueda volver a vivir o escribir algo así. El cuerpo no me resistiría el ritmo de autodestrucción que tuve hasta hace poco y sin excesos mi literatura es algo muerto e hipócrita. Prefiero mil veces pasar recostado viendo pelis con mi novia y acariciando mis gatos, algo que me llena y satisface mucho más que cualquier droga en el mundo. Aclaro que esto no quiere decir que me he convertido en una especie de monje abstemio: como todo hijo de vecina me sigue gustando irme de juerga, pegarme mis tragos y meterme mis líneas, pero ya no lo hago con la frecuencia casi diaria que lo hacía antes. Ahora mis fiestas son una o dos veces al mes, con eso me basta y me sobra, pero más allá de la frecuencia ha cambiado mi intencionalidad: antes lo hacía para destruirme, hoy lo hago para relajarme.

Es curioso que lo digas. Siento que muchas veces la sobriedad o la paz o el equilibrio interior mata al genio. No se puede generalizar, pero el bienestar de la persona muchas veces edulcolora su obra. Se vuelve tibia, fría, lejos de los abismos de la cual fue creada. ¿Tú crees que sea así?

Sí, y por eso mismo ahora ya no escribo textos de carácter literario y me concentro en el periodismo, donde no hace falta tener genio sino ser ordenado y tener una pluma clara, aunque soy de esos periodistas medio vagos anárquicos que siempre llega a fin de mes con muchas ideas y cuatro textos a medias, lo cuales tengo que terminar al apuro antes de que venza el deadline, pues casi siempre me engancho leyendo sobre el tema y preferiría seguir leyendo antes que tener que escribir algo que de todas formas sé que leerán muy pocos y entenderán menos en este país de analfabetos funcionales.

¿Te han prohibido publicar algo? ¿Alguna especie de veto?

Sí, pero igual he terminado publicando y me revuelco de la risa en los censores que odian mis textos. Acá en Ecuador, donde prima una moralina católico batracia, se me hizo muy difícil publicar, por ello tengo más libros editados en el extranjero que en mi país. Sobre vetos específicos, no me consta que haya medios o instituciones que me tengan en una especie de lista negra, pero sé de buenas fuentes que no soy apreciado por algunos seudocríticos literarios y poetitas pendejos sin obra pero con mucho ego, los cuales suelen ocupar cargos medianos dentro de la burocracia cultural ecuatoriana. Esta gentecita dice que soy conflictivo, adicto, prepotente y vende patria, por ello tratan de ponerme el pie. Sin embargo, muy a su pesar, a veces las instituciones donde trabajan han tenido que tomarme en cuenta y pagarme para que participe en Ferias del Libro, recitales y demás, pues saben que siempre que leo en público se llena la puta sala, ya que cuento con cierto público de aspecto peligroso y olor corporal intenso que sigue mis lecturas en espera de ver qué nuevas barbaridades hablo cuando me dan un micrófono. Siempre trato de improvisar un poco y sobre la marcho modifico mis textos e incluyo nuevos insultos —a veces contra los mismos organizadores— como parte de la puesta en escena de mis lecturas.

Qué tristeza que compartamos los mismos laberintos burocráticos y las mismas mafias. Quizá me equivoco, pero siento que en muchos sentidos Ecuador es una isla. ¿Cómo te defines, después de tu escritura literaria, dentro del panorama cultural ecuatoriano?

De lo que he conversado con amigos poetas de otras partes, las mafias culturales son algo endémico en nuestro continente, aunque de seguro en la Antártida pasaría la misma huevada si hubiera ministerio de cultura allá. Creo que la condición insular de Ecuador dentro del mapa literario global se debe no tanto a la falta de calidad de nuestros autores, sino a la ausencia de una industria editorial, la cual —amén del trabajo de unos pocos sellos independientes que carecen de recursos— nunca ha existido acá. Por otro lado, cuando el Estado mete mano en el asunto la cosa empeora. En este momento está en discusión una esperpéntica y tiránica Ley de Cultura impulsada por el pendejo gobierno correísta, que con esta ley de marras pretende legitimizar la censura y crear redes clientelares. Si esas sarta de mamavergas del gobierno con su visión pseudopachamamera —que al mismo tiempo es ultra católica y reaccionaria contra toda estética disidente de lo políticamente correcto— empiezan a decidir quién es artista y quién no, nos fuimos para la mierda.

En cuanto al lugar de mi escritura dentro del mapa ecuatoriano, me sitúo en los márgenes, no sigo ninguna corriente de esas que terminan en –ista o –ismo y que tanto les gusta usar como etiqueta a los vergajos de mis coleguitas. No pertenezco a ningún grupito poético ni quiero crear escuela, no tengo el conflicto de “matar al padre” que tienen muchos poetas que terminan despotricando contra sus mentores para legitimizarse, pues mis mayores influencias provienen de un grupo de escritores gringos muertos y no de ninguno de los popes literarios de acá.

El otro día publicaste un texto sobre Truman Capote de William Burroughs. Veo una fuerte conexión con él: los insectos, las drogas, la postura crítica. ¿Es importante para ti ejercerla?

William S. Burroughs es uno de mis escritores de cabecera. Me gusta mucho su postura vital, el terror metafísico que dominó su vida a raíz de que accidentalmente asesinó a su esposa —incidente a partir del cual construyó su obra literaria—, su mirada descarnada del mundo y su habilidad para convertir al lenguaje en un arma de destrucción masiva. Además de Burroughs, admiro a muchos otros escritores en esa línea combativa, escritores a los que uno se puede imaginar golpeando poetitas de mierda y escupiendo a los burócratas culturales. Tipos como Enrique Symns, Roberto Artl, Pablo Palacio, Isidore Ducasse, Arthur Rimbaud, Philip K. Dick, Leopoldo María Panero, Louis Aragon, Henry Miller, hombres que rompieron todos los moldes y gracias a ellos es que sujetos como yo nos apasionamos con la literatura y empezamos a escribir.

Leo mucha influencia de literatura judeocristiana. ¿Has leído la Biblia?

 Sí, pero por una cuestión de cultura general. Soy ateo convencido desde los doce años, cuando me di cuenta de que el concepto de un dios omnipotente manejado por una religión organizada es una mierda. Sin embargo, leo bastante sobre mitologías de diversas partes del mundo, y la mitología judeocristina es particularmente sangrienta y depravada, por ello es fácil subvertirla y poner a sus mártires en situaciones vergonzosas.

¿Es la subversión el único camino?

 Para el tipo de escritura que yo practicaba, sí. Ergo, mi experiencia particular me enseñó que ese era el único camino que yo podía tomar, pero no creo que se trate de algo universal. Se puede ser conservador de derechas y escribir novelas geniales como lo hacen Vargas Llosa y Javier Marías, y también se puede ser un borracho ácrata y escribir pura mierda muerta, tal como hacen la mayoría de mis compañeritos de generación.

En redes sociales eres muy activo. Tu blog, El hombre aproximativo, es una bitácora increíble de tus lecturas, pero también te gusta escribir sobre música, entre otras cosas. Cuéntame un poco más de tu tarea periodística y bloguera.

El blog que mencionas surgió porque Facebook me cancelaba la cuenta a cada rato, aduciendo que subía contenido inmoral, con lo cual perdía todos los textos que había compartido en formato de notas. Entonces cree ese blog como una especie de respaldo, una pequeña biblioteca virtual donde tener guardados poemas y textos breves de diversos autores. Actualmente ese blog tiene muchos más lectores que mi blog personal, Miss O’ginia, donde publico mis textos literarios y periodísticos, y me agrada que sea así, pues significa que de alguna forma la gente confía más en mi gusto literario que en mi propia obra.

Como periodista, en Ecuador ser freelance en temas de difusión cultural es casi lo mismo que ser indigente. Si bien me encanta escribir sobre rock y literatura, invierto demasiado tiempo en ello y ya es hora de dedicarme a otra cosa, sobre todo porque los medios tradicionales de comunicación ecuatorianos no valoran dichos temas y uno no está para regalarles el trabajo. De momento trabajo con La Barra Espaciadora, una revista virtual independiente de periodismo narrativo a la cual aprecio mucho, en cuanto lo hacemos desde los márgenes y sin apoyo o presión institucional alguna. Espero que este proyecto que dirige mi amigo Diego Cazar pueda seguir creciendo, aunque también estoy buscando otras alternativas profesionales alejadas al periodismo y más centradas en lo académico para reorientar mi carrera.

Por último: pornografía, internet, redes sociales, fútbol. ¿Cuándo escribes?

Como te dije, ya no escribo literatura. Tal vez si algún día termino viviendo debajo de un puente —estilo Raúl Gómez Jattin— o asesinando a algún ser querido —a lo Burroughs— vuelva a escribir, caso contrario, hacerlo desde mi estado de tranquilidad actual me parece hipócrita con los lectores e innecesario para mí como persona. Si no sangra no sirve. Aunque no he conseguido mayor cosa como escritor, mi ambición nunca fue buscar la “consagración” ni vivir de esto. Creo que ya me demostré a mí mismo de que soy capaz de escribir poemas y cuentos decentes en cuanto a calidad pero indecentes en su contenido, y —de paso— le cerré el hocico a un montón de poestastros y carcamales que se creen los popes de la literatura ecuatoriana. Con eso me basta, pues no necesito “ser poeta” para sentirme satisfecho.

Aunque ya respondiste en otra pregunta, sólo por el afán de discutir dime, ¿por qué hipócrita?, ¿quieres decir que a tu obra literaria se le debe de leer desde tu biografía?, ¿no tiene el escritor la capacidad de desdoblarse a sí mismo?

Yo no soy un escritor imaginativo, todo lo que escribí hasta el momento fue en función de mis horrendas circunstancias. Ponerme hoy a escribir ese tipo de cuentos y poemitas porno adicto depresivo, cuando mi vida es bastante agradable en casi todos los sentidos, sería fingir para dármelas de maloso–atormentado y engañar al lector para que compre un libro muerto. Tal vez dentro de unos meses o años todo se vuelva a ir a la mierda y mi vida vuelva a ser desesperada y viciosa, entonces sería válido volver a ese tipo de escritura, pero hacerlo hoy día me parecería abusar de una receta medianamente exitosa sólo para dar gusto a gente cuya opinión me vale verga.

Link del texto original:

http://terraplen.bajopalabra.com.mx/?p=3865

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